domingo, julio 30, 2006

Moderno amor ridículo

Ella sentía la emoción de haber dado el número de su móvil a un desconocido. El chico era atractivo y parecía diferente, esa conjunción de cuerpo bonito y cerebro sensible que venía buscando hace bastante tiempo. Los jóvenes tienen la dignidad voluntariosa de los grandes propósitos y desde la adolescencia hizo de su móvil un reducto de su más guardada intimidad. Nunca daría el número a ningún desconocido. Se sorprendió a sí misma, sin embargo, mientras enunciaba la secuencia de nueve dígitos para aquel extraño y aún más, asegurándose de que no habría ninguna posibilidad de error. Quince minutos justos venían a confirmarle que aquel muchacho podría ser el amor de su vida, son de esas intuiciones irracionales que acaban materializándose. Allí estaba. Sonaba el móvil. Entraba un mensaje. ¿Sería él? Sí, lo era.

En la pantalla aparecieron unos sucintos signos:

TQ 1B

Tradujo mentalmente a lenguaje natural y el enunciado «Te quiero: un beso» se le reprodujo de manera machacona. Una profunda desilusión se apoderó de ella. El problema era la brevedad. Ella ya percibió la intención de la frase, pero la concisión ingeniosa de esos cuatro caracteres mataba la poesía de lo que tendría que haber sido una sincera declaración de amor.

En el hervir de las ideas, se aferró a una pregunta como contestación y envió el siguiente mensaje SMS:

XQ?

Cuando el joven recibió esta respuesta, se dio cuenta que era incapaz de traducir, ni a palabras cuanto menos a signos para que cupiesen en la pantalla de un móvil, toda la intensidad de lo que le estaba viviendo y que le había impulsado a confesarle el amor que sentía por aquella desconocida. Decidió, por tanto, interrumpir lo absurdo de los mensajes, con la esperanza ciega de que algún día el destino lo pondría frente a ella y, con palabras y gestos, lograría él transmitir la pasión que ella le había despertado y el deseo de juntar sus vidas.

Las ciudades pueden ser pequeñas, como pañuelos, pero también inmensos desiertos de multitudes en donde es imposible encontrar lo que un día perdimos. No se volvieron a encontrar y allí mismo se truncó una bella historia de amor.


Post scriptum: Los escritores sabemos que no hay historia sin trama, y para que haya tramas no podemos romper las cadenas de “causalidad” (resulta patético confiar en la casualidad). Moraleja: por muy irracional que sea la existencia, intente llenar las incógnitas de los porqués.

sábado, julio 29, 2006

¡Alegría, que son cuatro días!

Parece ser que el origen del signo de admiración [ ! ] es la interjección latina Io, que vendría a significar ‘alegría’. Con el paso del tiempo las dos letras se habrían fusionados y la o de Io pasó a constituir el actual punto de la admiración !; lo que resulta mejor es que alguien invirtiese el signo para marcar el inicio de un periodo exclamativo [ ¡ ] y que la práctica de los dos signos de admiración sea norma de la lengua castellana o española. Desestimando los inconvenientes de utilizar teclados no configurados para dichos signos, al igual que las grafías de Ñ, ñ o ¿, la dicha de disponer del signo ¡ es inmensa. Los signos de puntuación son los pocos mecanismos que tenemos para intentar reproducir en la escritura muy imperfectamente los matices enunciativos que tienen toda su importancia en la expresión oral. Que tengamos un signo para indicar admiración es motivo de alegría. Que además sean dos los signos de admiración: ¡doble alegría! IO. IO. ! !

miércoles, julio 26, 2006

Errare humanum est

Para mi vergüenza, después de publicar el post de ayer, cuyo título era “Preguntas de insomnio”, me dio por consultar en Internet si mi teoría sobre los teclados QWERTY tenía visos de verosimilitud y efectivamente encontré este enlace (aquí) y reproduzco el siguiente párrafo:

«Existe una leyenda urbana sobre el teclado QWERTY en la que se dice que este teclado fue diseñado “para escribir lento a propósito”. También se dice que tiene esa disposición ya que se podía escribir el nombre de la primera máquina TYPEWRITER sin tener que saltar de línea. Independientemente de la efectividad actual de esta distribución de teclado comparada con otras, lo cierto es que la distribución QWERTY fue cuidadosamente elegida para superar numerosas competiciones de velocidad de escritura de la época.»

Me siento totalmente avergonzado porque pretendía ser original con la respuesta de lo que era para mí un verdadero enigma y veo una vez más aquello de nihil novum sub sole ‘nada nuevo bajo el sol’. Sirva esta expresión latina y la del título para expresar mi estado de consternación, acentuado por el hecho de no haber percibido que TYPEWRITER es un anagrama de QWERTYUIOP. Claro que sobran tres letras, porque la palabra inglesa que significa ‘máquina de escribir’ posee sólo 10 letras, pero con tres repetidas: T, E y R. La pregunta de por qué no aparecen la Q, la U y la O es de fácil contestación, ya que se necesitan 10 teclas (los dedos índice pulsan dos teclas cada uno).

Pido disculpas por no haber caído en este posible motivo, especialmente porque resulta muy ingenioso al estar basado en un juego de palabras y porque los remordimientos también me hacen pensar y caer en el insomnio.

Sé verle del revés

¿Qué tiene de peculiar el título del post de hoy? Bien, muy bien. Se trata de un palíndromo perfecto (incluso coincide el acento). No obstante, el motivo de traer este enunciado no era el hecho de repasar un concepto que hace poco surgió en esta bitácora (personal). Lo traía a colación para poner el énfasis en que la frase ejemplifica un caso de “leísmo”. La gramática propone como correctas las frases: “Verlo al revés” o “Verla al revés”. El título “Verle del revés” es una exigencia para formar el palíndromo, pero también ilustra uno de los errores gramaticales más generalizado, tanto que la RAE (con su eslogan “Limpia, fija y da esplendor”) se ha visto forzado a tolerarlo, a hacer la vista gorda. Encuentro leísmo (utilizar la forma le o les como sustituto pronominal de complemento directo, referente de personas individualizadas: “Ver a Luis” = “Verlo”) no sólo en conversaciones de la calle sino en la obra de consagrados escritores, incluso hispanoamericanos. Sin duda corren malos tiempos para lo normativo (prescriptivo) y la institución académica cede constantemente a impulsos descriptivos (uso de los hablantes). Quizá por ese motivo también en la última edición impresa del DRAE, la vigésimo segunda, por primera vez en su historia, aparecen como lemas (entradas) palabras en cursiva (itálica o bastardilla), algo así como anglicismos en cuarentena, porque su grafía recuerda excesivamente su origen bárbaro, aunque son palabras (con su respectiva pronunciaciones) alejadas de lo castizo de la lengua castellana o española.

Preguntas de insomnio

Leí (y escuché en un delicioso acento porteño) un cuento de Jorge Bucay, sobre el motivo por que a un elefante de circo lo consiguen mantener atado a una débil y corta estaca, a pesar de que por su fuerza podría evadirse fácilmente cuando quisiera. Éste es el tipo de preguntas, fútiles en apariencia, que quitan el sueño. El cuento era una disculpa para una (fácil) moraleja. El psicólogo gestaltista argentino explota la fórmula del cuento como terapia, en una línea de autoayuda que parece vender bien. El esquema o patrón narrativo lo reconozco vivo en la tradición literaria, concretamente en los cuentos del infante Don Juan Manuel (1282-1348), El conde Lucanor o Libro de Patronio (1335). En el cuento concreto, la figura de un joven paciente que necesita de los consejos del médico y psicoterapeuta argentino podrían corresponderse perfectamente al papel desempeñado por el conde Lucanor y de su ayo Patronio.

No voy a escribir otro cuento al respecto, pero sí que voy a hablar de una pregunta que logró machacar mi cabeza y me tuvo en vilo durante tiempo. Por mi edad, confieso que pasé un verano de mi vida asistiendo a un curso de mecanografía. Bajo un método conductista, con aspiración de enfoque científico, fue ganando velocidad con el teclado. Se hablaba de pulsaciones por minuto. No todo fue dinero malgastado, porque hoy en día, perdidas la velocidad o pulsaciones, aún conservo el hábito de teclear el ordenador con todos los dedos y me permite mirar directamente a la pantalla o al texto que esté copiando. Bueno, la pregunta metafísica, trascendente, que con alevosía y nocturnidad entró en mi cerebro (que nunca para de pensar) era la siguiente: ¿poseen los teclados QWERTY algún tipo de lógica? Llegué a pensar que quien inventase ese orden de las teclas no estaría pensando en castellano y así por ejemplo la B y la V están excesivamente juntas, con el problema adicional de que genere espontáneamente faltas de ortografía. Luego caí en la cuenta de que la A y la E también en inglés serían las letras más usadas y, sin embargo, las obtenemos con los dedos meñique y corazón respectivamente.

Después de mucho pensar (quizá me equivoque pero así lo creo), imagino que el verdadero motivo no es de índole científica sino mecánica. Pura mecánica. Las letras más paradójicamente usuales se obtienen con los dedos con menos fuerza. Nada incluso recuerda a un orden alfabético que hubiera facilitado la memorización de las posesiones. Sí, en efecto, las primeras máquinas de escribir se atascaban si los mecanógrafos tecleaban demasiado deprisa. Con el tiempo, algo pensado para reducir la velocidad acaba convirtiéndose en un sistema que permite gran velocidad y triunfa como estándar.

El elefante del cuento de Bucay no se escapa de su ridícula cadena, porque aprendió desde pequeño a vivir atado, aunque hubo un tiempo, cuando era bebé, que aquella estaca no era nada simbólica, una atadura de la cual era imposible liberarse. Lo mismo y lo contrario del hombre moderno que hizo de la atadura del teclado QWERTY una excusa para la superación: el digno y esforzado espíritu paraolímpico. O el tópico cervantino de El Quijote: «Sancho, vísteme despacio, que voy deprisa».

lunes, julio 24, 2006

Sobre machismo y feminismo (“En busca del fuego”)

Hace mucho tiempo que vi la película “En busca del fuego” (ver más información aquí). No me dejó indiferente. Para un eterno aspirante a lingüista llama la atención la creación del “idioma” de aquellos homínidos por parte del novelista y también lingüista Anthony Burguess. No pienso entrar en la polémica de los anacronismos o falsedades científicas, porque por muchas inexactitudes que nos hagan ver (y reconozco que las ciencias no son mi fuerte), la película es la mejor de las que se han rodado acerca del origen de la humanidad. La ficción de tres jóvenes guerreros encargados de la búsqueda del fuego para poder salvar a su tribu (que lo habían conservado hasta un desafortunado accidente, pero no sabían “crearlo”) nos lleva a una compleja trama de peligros en mundo hostil, que no imposibilita el contacto de “tribus”. Hay como en cualquier buena historia una bella historia de amor subyacente. Imaginémonos por un momento que en realidad se nos narre el enamoramiento de un Homo neandertalensis y una Homo sapiens (ya es mucha ficción, pues vivieron hace 400.000 años y no hace 80.000 años, como apunta al comienzo de la película). Pido perdón si estuviera equivocado, pero creo que nos encontramos ante especies distintas de la familia de los homínidos. Sería algo así como mezclar un caballo con una burra, ambos equinos. El resultado ya lo podemos imaginar: un ser estéril, como el mulo o mula (por ello, la palabra “mulato” o “mulata” guarda etimológicamente un feo prejuicio racista). Por ello, el origen de la humanidad no es el resultado de una fusión de “neardentales” y “sapiens”, sino una encarnizada lucha donde los segundos consiguieron la victoria por exterminio de los primeros, en el fondo, una transposición de la mayor fuerza contra la mayor inteligencia. El individuo macho de la tribu de los Ulam, en la busca del fuego, descubre en la joven de quien se enamora la sofisticación de una cultura más “evolucionada”. Entre los detalles que cualquiera puede percibir en la película está el que los Ulam sólo sabían “hacerlo” por detrás. Sí, créanselo o no, la llamada "postura del misionero" para el coito humano fue uno de los mayores avances en el refinamiento de la práctica sexual de la humanidad.

Aquí es donde surgió mi reflexión sobre el machismo y feminismo, y que en cierto modo conecta con mi post de anteayer. En la escuela nos machacaban con la oposición entre el Paleolítico y el Neolítico, entre una cultura de recolección frente a una de siembra. Caza frente a Agricultura (fíjense que en “agricultura” ya encontramos “cultura”). Pues bien, en el Paleolítico encontramos “matriarcados” y los “patriarcados” serían una “conquista” de la humanidad del estadio posterior. Imagino que en el Paleolítico la maternidad constituyó casi un elemento mágico, la mujer era un ser con capacidad de crear vida y el nuevo ser era el mayor patrinomio, el único, ya que garantizaba la perpetuación de la especie. Con el Neolítico, surge el verdadero “patrinomio” (de pater) y lo importante para la mujer es el “matrimonio” (de mater, aunque esta salvaguarda para la mujer se basa en la mayor o menor “dote” aportada). En una cultura agrícola lo importante es la semilla. La tierra tiene que ser fértil, regada y abonada con estiércol, lo que la sociedad desecha. Semilla en latín en “semen”. Para la mentalidad machista —la de un minifundista o de un terrateniente— lo importante es la semilla, el falo que rotura, y la mujer pasa a ser simple receptáculo. Tener hijos, especialmente varones, es la oportunidad de ampliar patrimonio: acumular riqueza. En parte, en los tiempos paleolíticos no habría una seria relación casual entre la cópula y la gestación y nacimiento de un ser humano; también es cierto, que la posibilidad de copular era exclusividad del macho más fuerte, como vemos en otros animales gregarios.

Creo que la ciencia nos ayuda a una concepción más igualitaria del sexo, por aquello de que el código genético del nuevo ser es el 50% de sus respectivos progenitores: hombre y mujer. El sexo genético de los humanos depende en último término del varón porque aportará X o Y, pero esto no nos ha de fundamentar preeminencias de uno u otro sexo. En contra podemos apuntar que un único óvulo fecundado ha podido dejar atrás millares de espermatozoides que no lograron su cometido. Muchas mujeres sienten la gestación como una verdadera rémora y viven el parto como un trauma físico y psicológico, pero la magia de desarrollar una vida en sus entrañar hasta el momento de dar a luz es algo que sólo a ellas les está reservado.

sábado, julio 22, 2006

Exégesis bíblica

De un autor, Màrius Serra (ver aquí) y de su pasión por la enigmística podemos aprender muchas cosas. De sus manuales sobre esta disciplina (en especial de sus libros Verbalia y Verbalia.com) destacaría yo la excitación intelectual que produce el hecho de leer, a veces no importa el orden, sus sugerentes páginas.

De algo tan simple como ser un amante de los palíndromos o, por el contrario, de los anagramas se deriva una irreconciliable visión de la realidad. El punto común de ambos es la fe en que las palabras esconden significados (ocultos) y que el ingenio permite descubrir. Algo que se da en la etimología y incluso la propia etimología de la palabra “étimo” nos lo recuerda: ‘significado verdadero’. En efecto, un “palindromista” es una versión del determinista, del fatalista, pues el orden de las letras está totalmente fijado; dentro de la tarea obtener nuevas palabras alterando el orden de sus letras (por lo que en propiedad podemos observar que un “palíndromo” es un tipo especial de “anagrama”), el “anagramista” sería un espíritu más libre.

De las palabras de Màrius Serra (y yo he tenido la suerte de asistir a un curso ofrecido a profesores) aún recuerdo con nerviosismo el famoso eslogan “A man, a plan, a canal: Panama!” (‘Un hombre, un plan, un canal: ¡Panamá!’), el epitafio del político americano que se llevó la fama de la construcción del Canal de Panamá. Recuerdo también el enigma del palíndromo latino Sator Arepo tenet opera rotas (‘El sembrador Arepo guía con destreza las ruedas’), al estar presentado como cuadrado de cinco palabras de cinco letras que permite la lectura tanto horizontal como vertical y que para algunos sugieren que las letras de este cuadrado se puede reordenar para que se lea paternoster dos veces y quedaría A y O (‘alfa’ y ‘omega’); es decir, se trataría de una oración cristiana: 11 + 11 letras (paternoster), y 2 +2 (A y O). También él me hizo ver lo demoníaco del palíndromo del escritor E. Vila-Matas, que en inglés recuerda una frase de magia negra: Satam, alive! De la misma manera el mundo de los anagramas resulta apasionante y muestra de ello tenemos que, por ejemplo, el poeta surrealista André Breton rebautizase al pintor catalán Salvador Dalí con un anagrama en latín macarrónico que definía perfectamente la relación de Dalí con el dinero: Avida Dollars (nunca pensé que el ingenio sirviese para el peor de los insultos).

Con el tiempo, el gusanillo y gusto por los palíndromos y anagramas se te despierta y acabas “descubriéndolos” en tu vida cotidiana. Hace años reparé que la bailaora Sara Baras era un ejemplo perfecto de palíndromo: sara Baras y también la conocida marca de unos caramelos masticables, sugus, por otra parte, anacrónico desliz para caracterizar a unos de los personajes de la novela La sombra del viento. En estos días de vacaciones leí una obra importante de la posguerra española, Nada de Carmen Laforet; sé que es una tontería pero jugando con el nombre de su protagonista A N D R E A, (que además da mucho juego etimológico) obtengo la palabra R E N A D A. ¿Simples coincidencias?

Pero esa compulsión por los juegos de palabras me llevaba hace tiempo pensando en una relectura del Génesis, precisamente del mito del surgir de la Humanidad. Desde el punto de vista de palíndromos y anagramas mi versión es incluso feminista, pues todo el mérito lo tendría Eva, y no como hasta ahora, en que muchos la ven como la fuente de todos los males y que en realidad deriva de una costilla de Adán. Nada de eso, ADÁN es el palíndromo perfecto de NADA (los acentos no cuenta en la técnica palindromística). “¿Para qué sirve un hombre?”, deben pensar muchas mujeres. “Para nada”, se responden retóricamente. Pero no seamos injustos. Esa “nada”, esa inmaterialidad es la que permite que un AVE (el palíndromo perfecto de EVA) pueda efectuar su VUELO. Con un poco de magia y manipulación de letras VUELO es el anagrama de l (H)UEVO. ¡Qué hermosa cosmogonía! El esfuerzo de la primera mujer produce el más bello Big Bang del que surgimos todos. Un vuelo es un símbolo de libertad y quizás el cometido de un hombre, de todo hombre, es hacer que una mujer vuele, ofrecerle la levedad que le permita elevarse. También el aire con el vuelo de un ave se llena de materia, arte y belleza.

miércoles, julio 19, 2006

Burro y mantequilla


¿Qué tienen que ver “burro” y “mantequilla”? Los cinéfilos malintencionados —o con buena memoria— pueden acordarse de la importancia de este derivado lácteo en la película Último tango en París, interpretada por un bestial Marlon Brando. Pero estamos hablando de “burro” y “mantequilla” y para una posible relación recordemos que en italiano la palabra “burro” significa ‘mantequilla’. Una anécdota como ésta nos lleva a una de las dicotomías que articula gran parte de la reflexión filosófica, desde los griegos, la de “naturaleza ~ convención”. Sin embargo, a veces tendemos a cierta semejanza por encima de las lenguas: mother (inglés), Mutter (alemán), moeder (holandés), moder (danés), mater (em latín y derivados) —mãe (portugués), madre (español o castellano), mare (catalán), mère (francés) y un largo etcétera. Consultando una enciclopedia de Internet (v. aquí) obtengo las siguientes informaciones sobre lista de raíces indoeuropeas: mā-ter (‘madre’) daría mair (srmenio), motër (albanés), motina (lituano), máthair (irlandés), māter (latín), mētēr (griego), mat' (ruso), mātr (sanscrito), mācer (tocario), Mutter (alemán), mother (inglés), mam (galés). Aunque el espíritu de la diferencia puede acabar triunfando y la cerilla del castellano, en catalán se dice misto o llumí, en portugués fósforo, en francés allumette, match (inglés), fiammifero (italiano), Streichholz (alemán), taendstick (danés) y en neerlandés lucifer, valga el ejemplo.

¡Qué bonitas palabras para un manual de gramática histórica o para un tratado de evolución semántica de las palabras!

¿Cómo no va a tener razón la sabiduría popular que nos recuerda: «nunca te acostarás sin saber una cosa más»?

martes, julio 18, 2006

Reflexiones sobre palabras

Permítanme que retome mi vena didáctica, para cultivo y erudición de mis lectores. A modo de entrante para hacer boca, apunto que la palabra “amoniaco” proviene de los gases que producía el estiércol al quemarse en el tempo de Amón, en un oasis del antiguo Egipto. La palabra latina tripaliu(m), que designaba un instrumento de tortura, es el origen de la palabra “trabajo”.

Hoy en día, para muchos es más común el “ratón” del ordenador que el animal “ratón”, que por evolución metafórica designó el periférico informático (calco del anglicismo mouse, denominación común en Hispanoamérica). Por ello, para muchos de nuestros hijos, si como deberes de casa les pidiesen un dibujo de un pollo, lo que les resultaría familiar sería el pollo fiambre que encuentran desplumado en la nevera o el pollo a l’ast de los días festivos. Nuestras “plumas” (estilográficas) recuerdan en su etimología que un día fueron de aves; pocos saben, no obstante, que las plumas del ala de izquierda del ave son las mejores para quienes escriben con la derecha y viceversa.

Permítanme también que recuerde que las grafías “invierno” o “armonía” se trataría en propiedad de verdaderos errores ortográficos, al olvidar que en latín habían llevado “h”. La “b” de “basura” sería el mismo caso, pues provenía del latín versura.

No es que hoy esté especialmente “repelente”, sino que, por deformación profesional, parece que no logro olvidar mis clases y el “rollo” con que suelo “castigar” a mis alumnos.


sábado, julio 15, 2006

MMM = WWW

Mis lectores fieles, a estas alturas de campeonato —porque hoy se cumpliría el mes justo de publicación de este blog—, ya deben de conocer mi verdadera pasión por las coincidencias lingüísticas. Por ello, no ha de extrañar que hoy traiga una reflexión sobre el medio que nos permite esta comunicación.

La “Máxima —o Magna— Malla Mundial” sirvió como traducción al castellano, con el acrónimo MMM, inverso al inglés WWW, World Wide Web, ‘Telaraña Mundial’.

En Internet hay muchas metáforas que hacen referencias al campo semántico de la navegación; v. g., “navegar por la red”. El vocablo blog, sin lugar a dudas, es un anglicismo, que proviene de la aféresis de weblog. Por la tendencia de la lengua española al calco lingüístico, la palabra “bitácora” vino a significar weblog o blog (en efecto, en lengua inglesa también tenemos el vocablo logbook, del que derivaría —por apócope y composición— weblog). El término naval “bitácora” (que, en sus inicios vendría a denotar una especie de armario de madera o hierro, fijo a la cubierta e inmediato al timón, en que se pone la aguja de marear y el llamado “diario de navegación” o “diario de a bordo”) acaba significando por metonimia (continente por contenido) el cuaderno o diario personal y obligatorio que llevan a bordo en el mar los oficiales de marina y donde se registran los datos náuticos, meteorológicos, acaecimientos, etc.

Estuve pensando que MMM y WWW y, mucho mejor MMMM WWWW MMMMM WWWWW MMMMMM WWWWWW MMMMMMM WWWWWWW MMMMMMMM WWWWWWWW…, recuerda un poco a olas de mar. Curiosa asociación de ideas para alguien que va a pasarse unos días en Mallorca (ultracorrección yeísta, porque tendríamos que escribir Mayorca).

Me ha entrado una saudade enorme y que mejor que pensar en Fernando Pessoa y un poema inspirado en una frase “Navegar é preciso; viver não é preciso”, que los latinistas nos recuerdan su noble y más antiguo origen: Navigare necesse; vivere non est necesse, frase de Pompeyo, general romano, 106-48 a. C., dirigida a los marinos, atemorizados, que se oponían a viajar durante la guerra (cita de Plutarco, Vida de Pompeyo).

Es eso mismo. Parafraseando a Pessoa, quisiera afirmar que vivir no es necesario; lo que es necesario es crear.

¿Quién alguna vez dijo que el latín no servía para nada? Con esta frase (Navigare necesse; vivere non est necesse) y ésta otra, Ars longa, vita brevis, casi se puede cimentar toda una vida, toda una existencia humana.


viernes, julio 14, 2006

España = Deba-de-nih = Spain = ‘Dolor de oveja’ (1/2)

En los libros para niños, en el fondo pensados para padres y profesores, puedes descubrir verdaderas joyas. Recomiendo, por ejemplo, la lectura de:

ADAMS, Simon, 2002: Descifradores. De los jeroglíficos a los hackers, Alhambra, Pearson Educación, Madrid (aunque impreso en Italia, con papel y tintas ecológicos).

Encontré este ejemplar en una biblioteca pública, en la sección infantil, y aprendí cosas tan interesantes como que en navajo (lengua amerindia de, actualmente, los EEUU) existe la lexía para designar a ‘España’: Deba-de-nih. Me considero lingüista (aficionado) y con nociones de filología e historia de la lengua castellana o española, y no me dejó de sorprender dicho verdadero hallazgo. En efecto, no hay que ser muy perspicaz para imaginarnos que hablantes de esa lengua, la de la tribu de los navajos, recluida en una reserva de Arizona (< ¿Árida Zona?) —a pesar de la proximidad geográfica con el mundo hispano—, podían pasar perfectamente sin dicho vocablo o expresión en su léxico cotidiano. Sí, podemos fijar la fecha de aparición de este lexema compuesto como definitivamente reciente, entre 1942 y 1945 (en otra ocasión explicaremos el motivo último). Sea como fuere, la expresión deba-de-nih literalmente vendría a significar ‘dolor de oveja’. Parece chiste, pero no lo es. El hablante navajo que inventó la denominación en su lengua de ese topónimo, cuyo país dista a miles de quilómetros de las tierras de su tribu, lo hizo pensando a través de la palabra del inglés Spain, que vendría a sonar como algo parecido a sheep pain; esto es, ‘dolor de oveja’.

España = Deba-de-nih = Spain = ‘Dolor de oveja’ (2/2)


Me vino a la cabeza la posible etimología de Hispania (de donde deriva España), que es, según la hipótesis más generalizada, un término fenicio que vendría a significar ‘Tierra de conejos’ [Para mayor información, clica aquí]. Si pensamos en las antípodas exactas de España nos tenemos que posicionar en Australia. También Australia, no sé si tiene algo que ver esa curiosidad y coincidencia etimológica ya apuntada, resulta un país con problemas con estos roedores, tan diferente de los EEUU, donde el tierno conejito simboliza cariñosamente a las chicas PLAYBOY (fíjense sólo en el logotipo, con las orejitas en símbolo de victoria).

Para una mente de fértil imaginación es fácil establecer intrincadas conexiones y comprobar que muchos préstamos lingüísticos se producen por el “oído” y algunos por la escritura. Así, el calco de algún país americano de “El ratón Miguelito” no cuajó en España y decimos —como podemos— “El ratón Mickey” o, fieles al anglicismo, incluso Mickey Mouse. El personaje de “Popeye” [acceda aquí a una instructiva página] entró por la escritura y pocos reconocerían a un marino de ‘ojos saltones’ (pop-eye sailor).

Muchos hablantes de ese monumento lingüístico que constituye la única lengua prerrománica —y no indoeuropea— conservada hasta la actualidad, que recibe el nombre de lengua vasca, vasco, vascuence , eusquera o euskera, deben desconocer que al hablar dicha lengua utilizan términos que perpetúan la ingente huella de la lengua latina. Y así serán muchos quienes desconozcan que entre “San Sebastián” y “Donostia” apenas media el latinajo Dominus Sebastianus.

Sólo me queda despedirme con un vocablo prestado de esta lengua tan compleja para nuestros oídos y cerebro románicos y es Agur (‘Adiós’), que es latín puro: Auguriu(m). Nada mejor que despedirse y desear buenos augurios o (buena) suerte. Empiezo unas “merecidas” vacaciones de una semana que no sé si me van a permitir mi cita diaria en esta bitácora. Por favor, querido lector, espera mi regreso.

jueves, julio 13, 2006

Hasta que la muerte nos separe (1/2)

Al amigo José Luis Guerrero, excelente contador de historias y que también querría “vivir del cuento”



Apenas se conocieron, una irrefrenable pasión brotó entre ambos. Se casaron. Sin embargo, al poco tiempo, la pequeña duda, como agua fría, planeó en el ardiente fuego que los iba consumiendo.

—Júrame que me querrás siempre —irrumpió él de pronto.
—Hasta que la muerte nos separe… —respondía ella, como absorta y pensando en otra cosa, para intentar conjurar, con un leve toque de ironía, la rotundidad de aquel “siempre”, que se le hacía entonces demasiado eterno.
—Este amor nuestro no lo separa ni la muerte —sentenció él, con una seguridad que daba miedo.

Luego fueron descubriendo las diferencias. Ella adoraba el té y él no podía pasar sin sus varias tazas de café al día. Él resultaba hasta maniático con su obsesión de cerrar los tubos de las pastas de dientes y el orden alfabético de los CD. Ella no le soportaba que él no cerrase la taza del wáter y el desorden de los cajones.

Con la conciencias de estas divergencias domésticas, él fue desarrollando una coraza de desencanto; mientras que ella se acostumbraba a aquel hombre de tal manera que su mundo se iba reduciendo al espacio de su pareja. Aceptó con resignación fervorosa que ella era suya, de él, que la vida ya no tendría sentido si no era entre aquellos brazos y inspirando el aire que él expirara.

Un día él quiso probar el amor de aquella mujer y dar un sentido a su vida:

—Vamos a amarnos siempre y vamos a vencer a la muerte. Quiero morir contigo.

La mujer, obsesionada con la idea de inmortalizar tanta felicidad, acabó aceptando y propuso morir envenenados mientras tomaban la taza de café y la taza de té, ritual de cada tarde. Como nieto de los más famosos fitoterapeutas de la ciudad, conseguir cianuro en las dosis suficientes para llevarlos juntos a la inmortalidad era de lo más fácil, con la excusa de una cataplasma para una disfunción hepática. El problema surgió cuando en la cocina tuvo que verte el veneno en las tazas, mientras ella aguardaba ansiosa en la salita de estar. Tuvo un acceso de duda y la cabeza le dio vueltas, mientras depositaba los polvos letales solamente en el té de su esposa.

Ella, con muestra de excitación, propuso:

—Quiero hoy beber tu café para sentir en el más allá el sabor de tus labios y de tu boca.

Y él se bebió todo el té.

Hasta que la muerte nos separe (2/2)

Post mortem:

A los escritores no siempre nos es permitido saber la verdad última de nuestros cuentos. Estos productos de nuestra fantasía cobran vida y se independizan. Estuve pensando un final para esta historia, porque una trama sin final no es trama. “Argumento” y “trama” no son cosas iguales, necesitamos, aunque sea en nuestra imaginación, de un final que de sentido a la sucesión de hechos.

He pensado posibles finales para esta gran historia de amor.
Resumiendo, me quedó con dos. Tú, lector, puedes inventarte otros o quedarte con el que más te guste de entre los finales propuestos.

A) Nuestro protagonista masculino, después de tragarse el veneno, muere retorciéndose de dolor.
Lector, puedes pensar que esto es un final cínico, pero también tienes que entender que en la cabeza ella se hace fuerte la hipótesis de que él la amaba tanto que, descubierto el engaño —porque aquel veneno iba destinado a ella y él café no le ha producido ningún efecto—, su hombre no ha dudado en morir por el amor de ambos.
Ella coge un cuchillo de la cocina se corta las venas y muere abrazada al amor de su vida.

B) Nada más beber aquel líquido, retiene en la boca lo suficiente para besar a su amada y, abrazados en ese beso con sabor de té de manzana, ambos mueren.
Esto confirmaría que hay algo peor que una muerte absurda y es: una muerte ridícula.

miércoles, julio 12, 2006

Teoría del conocimiento

«La vida es sueño», afirmó el filósofo escritor o, mejor, el escritor filósofo. El fenómeno del conocimiento es el de una extraña relación entre el sujeto cognoscente y el objeto cognoscible. En literatura, el sujeto escritor se inventa un sujeto narrador (punto de vista) y todo un mundo de ficción. La pregunta cae por su peso: cuando realmente conocemos, ¿no será que inventamos todo, incluso a nosotros mismos conociendo?

Estas preguntas, para nuestra salud mental, deberían estar prohibidas, como en la lógica, a raíz de la paradoja del mentiroso, la existencia de conjuntos que sean elementos de otros conjuntos.

martes, julio 11, 2006

Ventanas y puertas

Las huellas del tiempo han hecho mella: mayor el cansancio, pero la ilusión infantil viva del primer encuentro. La muchacha, que ya es madura mujer, se embriaga —porque lo ha visto a través de la ventana— en el deseo de la escena que ha venido recreando día tras día en lo más íntimo de su interior. Las palabras del chico, ahora ya hombre, traen un nuevo acento y una maleta llena de recuerdos y distancias. En el rellano de casa, a través de la puerta, escucha en la voz de O rei una lengua que en otro tiempo le fue familiar, últimamente atrapada en los renglones de correos electrónicos.

...Janelas e portas vão se abrir pra ver você chegar...

lunes, julio 10, 2006

Contrapunto y fuga

Érase una vez un músico consagrado que se metió a escritor, con tanta pasión y empeño que descuidaba los compromisos y asuntos financieros y domésticos.

Obsesionado por traducir en palabras la estructura polifónica musical de una fuga, no percibió el contrapunto de la fuga de su esposa con su amante (el de la esposa, claro está).

domingo, julio 09, 2006

Personajes planos y redondos

Era un personaje plano, flaco en el cuerpo y, en el espíritu, tan achatado que se diría bidimensional; sin doblez, con unas intenciones previsibles, se ajustaba al esquema que lo definía. Se enamoró perdidamente de una mujer rotunda, redonda no sólo en la forma física por la voluminosidad de su cuerpo, sino por lo imprevisible de su carácter y manera de comportarse: esta mujer tridimensional iba forjando su personalidad a lo largo del tiempo.

Tuvieron dos hijos, un parejita, que heredaron, combinadas, las características de sus progenitores.

El varón, con el cuerpo orondo de su madre, se caracterizaba por un carácter soso y una falta de energía a lo largo de su existir. La muchacha, delgada y fibrosa como su padre, heredó por el lado materno un espíritu inquieto, que siempre llena de sobresalto e incertidumbre a quienes conviven con ella.

sábado, julio 08, 2006

Más sobre príncipes encantados

El sapo se hizo pasar por príncipe y la muchacha lo besó esperanzada. El sapo se quedó encantado y la muchacha, con la duda de que no había podido deshacer el hechizo pues no era princesa de verdad.

viernes, julio 07, 2006

Cuento políticamente (in)correcto para adultos


Resultó que a la princesa le encantaba la postura de ranita y que el príncipe, nada encantado sino encantador, con su varita mágica, satisfacía todos los deseos de su amada. Y fueron felices, mientras vivieron su irrefrenable pasión, que hay quien opine de manera simplista que dura lo que dura dura.

jueves, julio 06, 2006

Falsas etimologías

Era el típico putero. Sólo vivía para gastarse toda la plata —y la heredada de sus padres— con las profesionales del sexo. De hecho, poseía un vicio mayor que el de practicar esas transacciones sexuales con las llamadas mujeres de la vida y era contar lo que entendía él como hazañas amorosas propias. Se aficionó tanto a contar esas proezas que acabó perdiendo la noción de cuáles eran reales y cuáles, fruto de su fértil imaginación. La calidad de sus descripciones era la suficiente como para no disgustar al sufrido, paciente e improvisado oyente de marras. Con ayuda de un corrector de estilo y de una hábil agente literaria, sus relatos acabaron en forma de libros, con lo que comenzó una exitosa carrera como escritor.

Todo obedecía a una predestinación etimológica. Del acto de ir “con+puta(s)” deriva el verbo “computar”, que por evolución fonética da “contar”.

Se non è vero, è bene trovato.

miércoles, julio 05, 2006

Hecho a sí mismo


Toda semejanza con la realidad es mera coincidencia.

Cuando nació, todo lo tenía hecho. Carecía de importancia su inteligencia —más bien escasa— y sus actitudes —con una congénita tendencia a la vagancia—, porque todo estaba fijado para su éxito. Como guiado por un determinismo fatalista, su apellido le fue abriendo puertas en la vida. Nunca le faltó ninguna cuestión material y la simple mención de su padre y abuelo (y sus generosos donativos) le permitió aprobar con brillantez en los más caros y conceptuados colegios. Escogieron para él una universidad privada y le proporcionaron MBA en una facultad extranjera, que en realidad lo único que valoró fue su dominio de la lengua inglesa, perfeccionado a lo largo de todas las vacaciones de su infancia y adolescencia. Aunque la liquidez económica de la familia no lo necesitaba, con la golosina de entrar en la aristocracia y obtener un ducado, sus padres vieron realizado el deseo de ver casado su hijo con una infanta. Como el dinero llama al dinero y la honra (el buen nombre de la familia) viste mucho, de la noche a la mañana, se vio envuelto en numerosos cargos de representación: miembro de la comisión ejecutiva de un club de fútbol, preside una importante fundación de seguros y es director gerente de una prestigiosa entidad financiera extranjera con fuerte presencia en el país, además de consejero de un imperio de ropa y productos de marca, todo ello adornado con algún esporádico reportaje a todo color en revista de famosos.

Nació su abuelo con una mano delante y otra detrás. En el pueblo la familia era paupérrima y, de niño, aguzó todo su ingenio para sobrevivir. Para unos, la suerte y para otros, unos fraudulentos negocios de contrabando de todo tipo de objetos y sustancias, con el beneplácito del dictador de turno, hicieron que amasara una de las fortunas más abultadas del país. Con el dinero a espuertas, blanqueó su apellido, sus orígenes y, orgulloso de haberse hecho a sí mismo, no sólo incrementó su patrimonio sino que aún pudo ver en vida cómo uno de sus nietos mezclaba su sangre con la dinastía real.

martes, julio 04, 2006

Personajes típicos

El novelista empezó su obra con personajes típicos; pero, de pronto, el proletario, la beata, el aventurero, la ninfómana, el donjuán, el colérico, el flemático, el melancólico, el sanguíneo, la vengativa, el argentino y el pícaro comenzaron a exigir complejidad psicológica. El resultado fue de una variedad tan intrincada que para la promoción del libro la editorial seleccionó la frase del crítico de uno de los periódicos de más tirada: «excelente fragmento de abigarrada vida cotidiana».

lunes, julio 03, 2006

Personaje secundario

Un día el personaje secundario quiso desempeñar el papel del principal. Desde la más gris mediocridad, el personajillo, poco agraciado, de baja estatura y parapetado en un poblado mostacho, consiguió erigirse en jefe de su partido. El partido ganó las elecciones y acabó él como presidente del gobierno de su país. La oposición reprochaba en vano la falta de carisma del nuevo dignatario y que a él le venía grande el papel de responsable de los destinos de la nación; pero, en su afán de protagonismo, el bigotudo político —contrariando la opinión generalizada de sus conciudadanos, incluso la de sus votantes— prestó su apoyo a una absurda guerra propuesta por el presidente de la primera potencia mundial para salvaguardar los intereses económicos de las multinacionales petrolíferas. No vamos a valorar si la terca resolución de nuestro personajillo puso en peligro la seguridad de su país; sólo destacaremos que se salió con la suya: apareció en la foto. Esa foto, real y metafórica, debió ser muy importante, porque son de esas fotos que llenan de lágrimas los ojos de las queridas, abnegadas y nada parciales madres.

domingo, julio 02, 2006

Alguien del montón

La naturaleza no la había dotado de poderes sobrenaturales; tampoco, afortunadamente, su inteligencia era inferior. Por este motivo, su historia no sobrevino un mito (que pudiera servir de modelo para todos) ni una parodia (que observaríamos con ojos irónicos). De cabeza y características que la harían merecedora del calificativo de alguien del montón, le tocó vivir un tiempo y un lugar específicos. En esta peculiar circunstancia, la joven muchacha tuvo que actuar. El resultado de vida no resultó una hazaña, porque nada en ella ni en sus condicionantes presentaba la marca de la excelencia o de una inexorable misión determinada por el destino. Más que llena de firme voluntad se vio obligada a vivir, sin carisma y sin arrastrar a multitudes, como cualquier persona del montón.
* * *
PS: Las personas del montón no contribuyen en lo más mínimo a que su equipo de fútbol consiga la victoria: condenadas a la actitud pasiva, muchas de ellas no se conforman con este papel tan secundario y acaban cayendo en pensamientos supersticiosos. A las personas de montón, de hecho, les hacen creer que once jugadores (diez de campo y un portero) representan algo indefinible, que afecta a lo más interno de su esencia: el fantasma de la metonimia del concepto “patria” (esquizofrenia edípica de pater femenino) irrumpe con una irracionalidad intransigente. El escalofriante cosquilleo de poder presenciar el partido clave para su equipo se traduce en la explosión de incontenido júbilo cuando éste logra la victoria o en la frustración peor que la violencia física en las propias carnes al tener que encajar la derrota. Es absurdo de la felicidad o la tristeza de una persona del montón dependa del conflicto psicoanalítico de que otros (porque suelen ser varones) logren meterla, la pelota en la portería. La persona del montón acaba creyéndose que su equipo obtuvo la victoria porque —contrariando a la madre o esposa— se puso la camiseta ya vieja y gastada que llevaba en la final de la última Copa o, por el contrario, imagina que la injusta, vergonzosa y lacerante derrota sobrevino al cambiar la disposición del sofá y que el televisor estaba orientado en otra dirección.

sábado, julio 01, 2006

Persona y personaje

Cuando era “persona” resultaba terriblemente anónimo: existía, pero su existencia se reducía a un restricto número de familiares y amigos, de existencia tan anónima como la suya. Todo fue aceptar el papel de malvado antagonista en una exitosa serie de televisión y su vida cambió: su popularidad era tal que su presencia pública a nadie pasaba desapercibida. Por ello, cuando un día un telespectador quiso tomarse la justicia por su mano y empezó a propinarle puñetazos, no supo reaccionar. Olvidaba que un día fue persona y aceptó aquellos golpes a plena luz del día como merecidos para su nueva personalidad, aunque él jamás va a tener conciencia —ni con apoyo psicológico y psiquiátrico— de que esa (nueva) personalidad es falsa.