Alguien del montón
La naturaleza no la había dotado de poderes sobrenaturales; tampoco, afortunadamente, su inteligencia era inferior. Por este motivo, su historia no sobrevino un mito (que pudiera servir de modelo para todos) ni una parodia (que observaríamos con ojos irónicos). De cabeza y características que la harían merecedora del calificativo de alguien del montón, le tocó vivir un tiempo y un lugar específicos. En esta peculiar circunstancia, la joven muchacha tuvo que actuar. El resultado de vida no resultó una hazaña, porque nada en ella ni en sus condicionantes presentaba la marca de la excelencia o de una inexorable misión determinada por el destino. Más que llena de firme voluntad se vio obligada a vivir, sin carisma y sin arrastrar a multitudes, como cualquier persona del montón.
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PS: Las personas del montón no contribuyen en lo más mínimo a que su equipo de fútbol consiga la victoria: condenadas a la actitud pasiva, muchas de ellas no se conforman con este papel tan secundario y acaban cayendo en pensamientos supersticiosos. A las personas de montón, de hecho, les hacen creer que once jugadores (diez de campo y un portero) representan algo indefinible, que afecta a lo más interno de su esencia: el fantasma de la metonimia del concepto “patria” (esquizofrenia edípica de pater femenino) irrumpe con una irracionalidad intransigente. El escalofriante cosquilleo de poder presenciar el partido clave para su equipo se traduce en la explosión de incontenido júbilo cuando éste logra la victoria o en la frustración peor que la violencia física en las propias carnes al tener que encajar la derrota. Es absurdo de la felicidad o la tristeza de una persona del montón dependa del conflicto psicoanalítico de que otros (porque suelen ser varones) logren meterla, la pelota en la portería. La persona del montón acaba creyéndose que su equipo obtuvo la victoria porque —contrariando a la madre o esposa— se puso la camiseta ya vieja y gastada que llevaba en la final de la última Copa o, por el contrario, imagina que la injusta, vergonzosa y lacerante derrota sobrevino al cambiar la disposición del sofá y que el televisor estaba orientado en otra dirección.


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