sábado, julio 22, 2006

Exégesis bíblica

De un autor, Màrius Serra (ver aquí) y de su pasión por la enigmística podemos aprender muchas cosas. De sus manuales sobre esta disciplina (en especial de sus libros Verbalia y Verbalia.com) destacaría yo la excitación intelectual que produce el hecho de leer, a veces no importa el orden, sus sugerentes páginas.

De algo tan simple como ser un amante de los palíndromos o, por el contrario, de los anagramas se deriva una irreconciliable visión de la realidad. El punto común de ambos es la fe en que las palabras esconden significados (ocultos) y que el ingenio permite descubrir. Algo que se da en la etimología y incluso la propia etimología de la palabra “étimo” nos lo recuerda: ‘significado verdadero’. En efecto, un “palindromista” es una versión del determinista, del fatalista, pues el orden de las letras está totalmente fijado; dentro de la tarea obtener nuevas palabras alterando el orden de sus letras (por lo que en propiedad podemos observar que un “palíndromo” es un tipo especial de “anagrama”), el “anagramista” sería un espíritu más libre.

De las palabras de Màrius Serra (y yo he tenido la suerte de asistir a un curso ofrecido a profesores) aún recuerdo con nerviosismo el famoso eslogan “A man, a plan, a canal: Panama!” (‘Un hombre, un plan, un canal: ¡Panamá!’), el epitafio del político americano que se llevó la fama de la construcción del Canal de Panamá. Recuerdo también el enigma del palíndromo latino Sator Arepo tenet opera rotas (‘El sembrador Arepo guía con destreza las ruedas’), al estar presentado como cuadrado de cinco palabras de cinco letras que permite la lectura tanto horizontal como vertical y que para algunos sugieren que las letras de este cuadrado se puede reordenar para que se lea paternoster dos veces y quedaría A y O (‘alfa’ y ‘omega’); es decir, se trataría de una oración cristiana: 11 + 11 letras (paternoster), y 2 +2 (A y O). También él me hizo ver lo demoníaco del palíndromo del escritor E. Vila-Matas, que en inglés recuerda una frase de magia negra: Satam, alive! De la misma manera el mundo de los anagramas resulta apasionante y muestra de ello tenemos que, por ejemplo, el poeta surrealista André Breton rebautizase al pintor catalán Salvador Dalí con un anagrama en latín macarrónico que definía perfectamente la relación de Dalí con el dinero: Avida Dollars (nunca pensé que el ingenio sirviese para el peor de los insultos).

Con el tiempo, el gusanillo y gusto por los palíndromos y anagramas se te despierta y acabas “descubriéndolos” en tu vida cotidiana. Hace años reparé que la bailaora Sara Baras era un ejemplo perfecto de palíndromo: sara Baras y también la conocida marca de unos caramelos masticables, sugus, por otra parte, anacrónico desliz para caracterizar a unos de los personajes de la novela La sombra del viento. En estos días de vacaciones leí una obra importante de la posguerra española, Nada de Carmen Laforet; sé que es una tontería pero jugando con el nombre de su protagonista A N D R E A, (que además da mucho juego etimológico) obtengo la palabra R E N A D A. ¿Simples coincidencias?

Pero esa compulsión por los juegos de palabras me llevaba hace tiempo pensando en una relectura del Génesis, precisamente del mito del surgir de la Humanidad. Desde el punto de vista de palíndromos y anagramas mi versión es incluso feminista, pues todo el mérito lo tendría Eva, y no como hasta ahora, en que muchos la ven como la fuente de todos los males y que en realidad deriva de una costilla de Adán. Nada de eso, ADÁN es el palíndromo perfecto de NADA (los acentos no cuenta en la técnica palindromística). “¿Para qué sirve un hombre?”, deben pensar muchas mujeres. “Para nada”, se responden retóricamente. Pero no seamos injustos. Esa “nada”, esa inmaterialidad es la que permite que un AVE (el palíndromo perfecto de EVA) pueda efectuar su VUELO. Con un poco de magia y manipulación de letras VUELO es el anagrama de l (H)UEVO. ¡Qué hermosa cosmogonía! El esfuerzo de la primera mujer produce el más bello Big Bang del que surgimos todos. Un vuelo es un símbolo de libertad y quizás el cometido de un hombre, de todo hombre, es hacer que una mujer vuele, ofrecerle la levedad que le permita elevarse. También el aire con el vuelo de un ave se llena de materia, arte y belleza.