Cuento políticamente (in)correcto para adultos

Resultó que a la princesa le encantaba la postura de ranita y que el príncipe, nada encantado sino encantador, con su varita mágica, satisfacía todos los deseos de su amada. Y fueron felices, mientras vivieron su irrefrenable pasión, que hay quien opine de manera simplista que dura lo que dura dura.


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