Trama 2 – Aventura (2/3)
Sus rasgos étnicos y falta de melanina en la piel le hubiese frustrado cualquier intento de interpretar a un marroquí o a un subsahariano, y al final se decantó por un modelo que estaba presente hacía tiempo en su cabeza: un primo lejano de Argentina había convivido con él en el piso. Como hubiera dicho la persona huésped de nuestro personaje, recién había marchado de vuelta a Buenos Aires, con la amarga sensación de derrota de no aguantar la presión de ser alguien en tu país y venir a la Barcelona postmoderna a intentar sobrevivir nomás. Todo un licenciado en Informática de sistemas se había visto obligado a montar un locutorio, con cabinas de teléfonos y algunas computadoras; pero una inspección del Ayuntamiento le precintó el local, por no cumplir la normativa legal vigente y ser excesivamente pequeño. Nuestro protagonista robó a su familiar hasta el nombre, Martín, y para los amigos, “Tucho”. El “Tucho” verdadero, no el trucho, coincidía en estatura media con el imitador, pero se diferenciaban por el físico: el argentino de nacimiento lucía una cara ancha y cuadrada, y una espesa “uniceja” que le daba un aspecto de bonachón. Esto no constituía ningún handicap, ya que un argentino puede adquirir cualquier fisonomía de mezcla europea, menos la de rasgos étnicos de una persona negra o de caracteres indios (amerindios). Además, esa característica era la de menor importancia, pues pensaba actuar en barrios de la ciudad condal alejados prudentemente de su lugar de residencia. Martín Andrés Eguren, el real y no imitado, mostraba externamente características de un fornido levantador de piedras, y en el interior, se le sumaba el tópico de que los descendientes de vascos son brutos, testarudos y obsesionados con hacer fortuna. Había marchado de Buenos Aires para respirar “nuevos aires”, acuciado por la crisis económica: cuando el paro alcanzó el 24% y él se negó a conducir un remís. Se decantó por Barcelona, por el Mar Mediterráneo, además de por el familiar —hijos de primos segundos— con departamento. Se aficionó a navegar en el puerto de Quilmes, en su ciudad natal, y ahora las tranquilas aguas mediterráneas, de un mar cerrado, resultaban mejores que las bravas e impredecibles del estuario de Río de la Plata. Y de este modo pareció cumplirse la premonición de haber cursado sus estudios primarios en la escuela Nuestra Señora de Montserrat, del barrio de Montserrat de Buenos Aires, y por esas coincidencias del destino vivían en Barcelona en la calle Mare de Déu de Montserrat. La estancia del argentino educó el oído de nuestro personaje sediento de aventuras. Aprender el “argentinés” y pensar como un argentino más fue cuestión de “tragarse” los 318 capítulos de la telenovela argentina: Rebelde Way (139 episodios en la primera temporada y 179 en la segunda). Tampoco se perdió la película basada en la serie: Erreway: 4 caminos. Poco a poco su mente se fue empapando de la serie, que contaba las vivencias de unos adolescentes estudiantes internos en un colegio de la capital argentina llamado Elite Way School, destinado a los hijos de las familias más poderosas y con mayor nivel adquisitivo del país (ya en crisis). Se sentía tan atrapado en la trama de la historia que de repente se identificó con las músicas y las core de los cuatro estudiantes que, a pesar de sus diferencias, formaron una banda musical, Erreway: Mía Colucci, Pablo Bustamante, Marizza Pía Spirito y Manuel Aguirre (el azteca en el país del Río de la Plata).Sin darse cuenta, de un día para otro, amaneció voseando, convirtiendo todas los fonemas [λ] e [y] en [∫] (por sheísmo), seseando y aspirando las consonantes implosivas, musicalizando la entonación y con un sinfín de expresiones, palabras o acepciones nuevas.


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