Trama 3 – Persecución (2/3)
A la palabra “CRISIS” le sustituyo las por sendos símbolo del dólar (<$>). Para mi cualquier caída, cualquier revés del destino, constituye una oportunidad para conseguir éxito. El éxito está emparentado con el dinero. Prosperar económicamente resulta una vía de éxito, y lo acepto como tal. El dinero es importante en la vida, pero aún lo es más el poder sobre los demás. Mi autoestima alta se convierte en herramienta fundamental a la conquista del éxito de las metas, que me trazo. (“Meta” no es exactamente lo mismo que “sueño”, pues nos perdemos en los sueño, que suelen hacerse irrealizables. Un “sueño” se vuelve “meta” cuando le fijamos un plazo de tiempo: sólo así es que el sueño se materializa, se hace realidad.) Aprendí que puedo lograr lo que quiero y que poseo una fuerza dentro de mí que me permite superar todos los obstáculos.
Hay quien pueda pensar que soy un ser despreciable, pero mi moral no es la de esclavo. Yo he nacido para dominar, para someter y perseguir y no para ser dominada, sometida o perseguida.
Soy informática, 28 años. Mi expediente académico es excelente. Me licencié aquí y estudié en EEUU, donde realicé cursos de especialización y postgrado. Muchos de estos datos suelo ocultarlos en mi currículum, porque así mis víctimas actúan más confiadas y mis superiores no se sientes amenazados. Más que el hardware y el software lo que realmente me atrae es la dirección de empresas y el poder que siento de escalar por la jerarquía del organigrama de la firma en que trabajo, sin importarme a quien piso ni de los medios de que me sirvo para conseguir mis fines y objetivos trazados.
Por ahora, aunque ya le tengo descubierto sus puntos vulnerables, existe un director general, el Sr. A. Toro, de quien dependo, y como jefa de proyectos tengo bajo mi responsabilidad a equipos de empleados.
Por el placer de hacer sufrir a mis subordinados los he sometido a noticias “bomba” de que un número x de personas recibirían antes de tal día una carta en que se le agradecería por todos los servicios prestados y que se pusieran en contacto y a disposición del departamento de personal. Era falsa alarma, pero algunos empleados al día siguiente se encontraron indispuestos y con gastroenteritis aguda.
Me gustan las bromas de cambiar las claves del ordenador y desactivar teléfonos después de un periodo de vacaciones. Esto descoloca a las ya descolocadas personas que se reincorporan al trabajo después de un periodo de estar alejadas de la empresa.
Disfruto seleccionando a víctimas a quien someto a un cursillo intensivo y las envío a una sucursal. Lo curioso del caso es que la medida aporta grandes beneficios a la empresa, salvo para personas que no aguantan la presión y tenemos que dejarla en un departamento repartiendo la correspondencia, porque el despido, dado la categoría, nos costaría bastante dinero.
Que abandonen los trabajadores en desbandada la empresa constituye nuestro gran éxito. Sólo permanecen las personas que aguantan la presión. En algún caso hacemos felices a personas al proporcionarle una prejubilación más o menos deseada.
Hay quien pueda pensar que soy un ser despreciable, pero mi moral no es la de esclavo. Yo he nacido para dominar, para someter y perseguir y no para ser dominada, sometida o perseguida.
Soy informática, 28 años. Mi expediente académico es excelente. Me licencié aquí y estudié en EEUU, donde realicé cursos de especialización y postgrado. Muchos de estos datos suelo ocultarlos en mi currículum, porque así mis víctimas actúan más confiadas y mis superiores no se sientes amenazados. Más que el hardware y el software lo que realmente me atrae es la dirección de empresas y el poder que siento de escalar por la jerarquía del organigrama de la firma en que trabajo, sin importarme a quien piso ni de los medios de que me sirvo para conseguir mis fines y objetivos trazados.
Por ahora, aunque ya le tengo descubierto sus puntos vulnerables, existe un director general, el Sr. A. Toro, de quien dependo, y como jefa de proyectos tengo bajo mi responsabilidad a equipos de empleados.
Por el placer de hacer sufrir a mis subordinados los he sometido a noticias “bomba” de que un número x de personas recibirían antes de tal día una carta en que se le agradecería por todos los servicios prestados y que se pusieran en contacto y a disposición del departamento de personal. Era falsa alarma, pero algunos empleados al día siguiente se encontraron indispuestos y con gastroenteritis aguda.
Me gustan las bromas de cambiar las claves del ordenador y desactivar teléfonos después de un periodo de vacaciones. Esto descoloca a las ya descolocadas personas que se reincorporan al trabajo después de un periodo de estar alejadas de la empresa.
Disfruto seleccionando a víctimas a quien someto a un cursillo intensivo y las envío a una sucursal. Lo curioso del caso es que la medida aporta grandes beneficios a la empresa, salvo para personas que no aguantan la presión y tenemos que dejarla en un departamento repartiendo la correspondencia, porque el despido, dado la categoría, nos costaría bastante dinero.
Que abandonen los trabajadores en desbandada la empresa constituye nuestro gran éxito. Sólo permanecen las personas que aguantan la presión. En algún caso hacemos felices a personas al proporcionarle una prejubilación más o menos deseada.


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