Reflexiones sobre palabras
Permítanme que retome mi vena didáctica, para cultivo y erudición de mis lectores. A modo de entrante para hacer boca, apunto que la palabra “amoniaco” proviene de los gases que producía el estiércol al quemarse en el tempo de Amón, en un oasis del antiguo Egipto. La palabra latina tripaliu(m), que designaba un instrumento de tortura, es el origen de la palabra “trabajo”.Hoy en día, para muchos es más común el “ratón” del ordenador que el animal “ratón”, que por evolución metafórica designó el periférico informático (calco del anglicismo mouse, denominación común en Hispanoamérica). Por ello, para muchos de nuestros hijos, si como deberes de casa les pidiesen un dibujo de un pollo, lo que les resultaría familiar sería el pollo fiambre que encuentran desplumado en la nevera o el pollo a l’ast de los días festivos. Nuestras “plumas” (estilográficas) recuerdan en su etimología que un día fueron de aves; pocos saben, no obstante, que las plumas del ala de izquierda del ave son las mejores para quienes escriben con la derecha y viceversa.
Permítanme también que recuerde que las grafías “invierno” o “armonía” se trataría en propiedad de verdaderos errores ortográficos, al olvidar que en latín habían llevado “h”. La “b” de “basura” sería el mismo caso, pues provenía del latín versura.
No es que hoy esté especialmente “repelente”, sino que, por deformación profesional, parece que no logro olvidar mis clases y el “rollo” con que suelo “castigar” a mis alumnos.


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