Hecho a sí mismo
Toda semejanza con la realidad es mera coincidencia.
Cuando nació, todo lo tenía hecho. Carecía de importancia su inteligencia —más bien escasa— y sus actitudes —con una congénita tendencia a la vagancia—, porque todo estaba fijado para su éxito. Como guiado por un determinismo fatalista, su apellido le fue abriendo puertas en la vida. Nunca le faltó ninguna cuestión material y la simple mención de su padre y abuelo (y sus generosos donativos) le permitió aprobar con brillantez en los más caros y conceptuados colegios. Escogieron para él una universidad privada y le proporcionaron MBA en una facultad extranjera, que en realidad lo único que valoró fue su dominio de la lengua inglesa, perfeccionado a lo largo de todas las vacaciones de su infancia y adolescencia. Aunque la liquidez económica de la familia no lo necesitaba, con la golosina de entrar en la aristocracia y obtener un ducado, sus padres vieron realizado el deseo de ver casado su hijo con una infanta. Como el dinero llama al dinero y la honra (el buen nombre de la familia) viste mucho, de la noche a la mañana, se vio envuelto en numerosos cargos de representación: miembro de la comisión ejecutiva de un club de fútbol, preside una importante fundación de seguros y es director gerente de una prestigiosa entidad financiera extranjera con fuerte presencia en el país, además de consejero de un imperio de ropa y productos de marca, todo ello adornado con algún esporádico reportaje a todo color en revista de famosos.
Nació su abuelo con una mano delante y otra detrás. En el pueblo la familia era paupérrima y, de niño, aguzó todo su ingenio para sobrevivir. Para unos, la suerte y para otros, unos fraudulentos negocios de contrabando de todo tipo de objetos y sustancias, con el beneplácito del dictador de turno, hicieron que amasara una de las fortunas más abultadas del país. Con el dinero a espuertas, blanqueó su apellido, sus orígenes y, orgulloso de haberse hecho a sí mismo, no sólo incrementó su patrimonio sino que aún pudo ver en vida cómo uno de sus nietos mezclaba su sangre con la dinastía real.


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