miércoles, agosto 30, 2006

Trama 15 – Amores prohibidos (3/3)


¡Por fin llegaron! Gustavo, como siempre, taciturno, con cara de pocos amigos y sin una palabra. Aurora, por el contrario, estaba espléndida, con su negra melena rizada toda suelta y el negro de sus ojos brillando. Dos detalles de Aurora me han llamado la atención, lo que demuestra nuestras afinidades —aunque me ha sorprendido dentro de su tradicional austeridad: lucía el mismo color y tono de pintalabios y, ¡Dios mío!, los pendientes eran como los míos; no podían ser iguales, pero seguro que eran del mismo diseñador: ¡ya es casualidad!

La comida realmente estaba rica, deliciosa, exquisita. Disfruto viendo comer a alguien con apetito, y Aurora y Gustavo parecían devorar con un hambre felina. Después de los postres, he visto inquieta a Margarita. He comprobado su nerviosismo al mirar el reloj constantemente: habían pasado ya las cuatro de la tarde. Según lo acordado, he pedido a Gustavo que la llevara a su casa. Con cara de enfado (me ha vergüenza de que Aurora también se percatase de esto), pero con la docilidad de siempre, ha cumplido con su deber.

He visto en Gustavo y Margarita, al entrar al coche grande, un monovolumen, la tierna escena de un padre acompañando a su hija adolescente al instituto. Sorprende Margarita con su cara de pilluelo y vistiendo como una mujercita, aunque sentada no engaña a nadie: una niña.

Antes de arrancar, Gustavo, me ha gritado:

—Tardaré un poco, Beatriz, que he quedado con Francisco.

Francisco para él es cosa sagrada. No me he atrevido a sugerir el mínimo reproche.

Fue todo un lujo pasar esa amplia sobremesa de más de tres horas con esa mente tan brillante de mi profesora. Yo siempre me consideraré su discípula. Con Laura a mi lado (no me ha importado darle pecho delante de Aurora) he disfrutado de su discurso ameno y de una coherencia arrolladora. Los derroteros de la conversación se han dirigido a cuestiones personales; por ejemplo, que ella era hija de la Guerra Civil, y que sus padres, republicanos convictos y que pagaron por ello el precio del exilio, le pusieron “Aurora”, como le podían haber puesto “Libertad”. No consigo reproducir (y para el primer día de este diario ya resultaría excesivo) el caudal de conocimientos vertidos por ella en nuestro diálogo, casi socrático: el de una verdadera “aurora” para todas las mujeres.

Serían casi las ocho, cuando Gustavo ha marchado con Aurora.

—La verdad es que hoy ya tengo “síndrome de taxista” —me ha comentado graciosamente antes de partir.

Me he quedado sola y me he quitado los pendientes. Los observo con cariño. Laura está dormida: parece un ángel. En esos momento, he decidido empezar este diario; por la sensación tan gozosa de sentirme la mujer más feliz del mundo. He tenido tiempo de emborronar estas cartillas cuartillas.

—Recuerda que hoy hay Liga. Me voy al fútbol —me dijo Gustavo desde el coche.

Eso traducido a horas vendrá a querer decir que llegará después de las once: estará al caer. Y ese tiempo me ha pertenecido. Parece ser que sufrí algo parecido a una depresión, después del parto natural de Laura. Creo que había bastantes celos por mi parte: pues para una madre primeriza sólo ella era el centro de atenciones y la protagonista indiscutible. Sin embargo, después vinieron la casa, los pendientes, Laurita chupándome la leche, el almendro en flor… y esta sensación de ser la mujer más feliz del mundo. Esta sensación —certeza absoluta— se traduce en un dolor físico, dentro, muy dentro. ¡Qué feliz soy! Me doy hasta miedo, porque no sé si mi corazón va a aguantar tanta felicidad.

3 Comments:

At 1:08 a. m., Anonymous Anónimo said...

Essa é uma boa trama, a ambiguidade das afirmações da protagonista e do comportamento do marido estão bem construídas. Essa mulher é o retrato de muitas que vivem neste mundo louco.

 
At 6:47 a. m., Anonymous Anónimo said...

De quem é a foto com a máscara ou coisa assim? George Sand é persona pra mais de metro... essa história promete.

 
At 9:35 p. m., Blogger amoresbilingues said...

A foto é da Margaret Mead, quando era nova e magra.

 

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