miércoles, agosto 23, 2006

Trama 17 – Descubrimiento (5/5)

Después de esa revelación los hechos se encadenaron vertiginosamente de manera rocambolesca. Un día encontré las fuerzas necesarias para entablar un encuentro con mi hermano Javier. Resultaba evidente que éramos hermanos, sangre de la misma sangre, pero él sólo prestó atención a nuestro parecido físico, exagerado, porque yo lo había logrado imitar en los mínimos detalles. Me confesó sus miserias e ilusiones. Era adicto al juego (yo ya lo sabía) y su fortuna mermaba peligrosamente. Creía tener la solución: simular un secuestro del propio padre, para obtener el número y la contraseña de la cuenta en Suiza con todo el dinero evadido durante los 70, antes de la gran devaluación de la peseta en el gobierno Suárez. El plan —según él— no podría fallar. Haciéndome yo pasar por Javier, su padre —nuestro padre— no sospecharía nada. Me lo llevaría con la disculpa de la caza a una finca del Sur en donde se había hecho construir un secreto refugio atómico (manías de viejo de sesenta años). Javier siempre tendría coartadas perfectas. Para que se entienda mi actitud posterior quiero defenderme afirmando que conocía tanto a mi hermano que sabía que en sus planes no había cabida para posibles testigos: ni el Sr. Ricardo ni yo mismo. Era probable que nuestro padre, con más de esos 60 años y delicado de corazón no aguantase el secuestro; pero Javier nunca aceptaría compartir conmigo la mitad del fingido rescate.

Todo funcionó a la perfección. Con ayuda de drogas (Javier era médico psiquiátrico tonteando de economista con parte de una herencia cobrada en vida) fui obteniendo todos los datos de la cuenta; pero me reservé la información para mí. Cansado de estar yo escondido en esa ratonera, un día le pegué un par de tiros a mi recién descubierto padre. Pueden imaginar una frialdad y falta de sentimientos por mi parte, pero juro que no tenía cómo volverme atrás. Le corté la mano derecha con un hacha y el resto del cadáver lo arrojé a una antigua comuna del cortijo y lo colmé con sacos de cal preparados para el blanqueo de las paredes de todos los años. Afortunadamente ya no corren tiempos para esclavos y yo había dispensado a toda la “servidumbre”, que ahora sólo hacía el mantenimiento del cortijo cuando se le avisaba y se le contrataba a propósito.

Hice llegar la mano cortada a la familia X-Y (me tuve que desplazar más de doscientos kilómetros para encontrar una oficina de correos e inventar multitud de datos de remitente). Por desgracia, el forense dictaminó que la mano había sido cortada de un cuerpo sin vida; por lo cual, carecía de ningún sentido acceder al chantaje de los posibles secuestradores.

Javier se enfureció con esa noticia y, despreciando las mínimas medidas de discreción, se personó en la finca, con el objetivo que siempre había planeado: matarme. Yo estaba preparado, fui más rápido y le disparé, sin dejarle margen de reacción.

El somnífero funcionó a las mil maravillas, porque pude someterlo a las mismas drogas que al Sr. Ricardo. Si me faltaba cualquier dato personal suyo, así lo conseguí. Luego, cuando ya no me servía, lo maté y lo arrojé a la misma antigua comuna, colmado de cal viva. Es durísimo matar a un padre, pero más lo es matar a un hermano y gemelo, pero en aquel acto había mucho de un paradójico suicidio para salvar mi vida.

A partir de ese día dejé de ser Antonio José y pasé a ser Javier. Aprendí a falsificar su firma, lo que resultó fácil, porque creo que de tanto estudiarlo e imitarlo acabé siendo bastante él mismo.

Sé que tarde o temprano todo este montaje se puede descubrir: por ejemplo, renovando un DNI pueden percatarse de que no coinciden las huellas digitales. Creo que sinceramente no me importa lo más mínimo. Soy el hombre más feliz y hago felices a mi abnegada esposa, Almudena, y a mi maravillosa amante, Cristina. No pondría la mano en el fuego de si ellas no se han dado cuenta del cambiazo. Si lo sospechan, se lo callan. Mis hijos me adoran: aceptaron de buen grado ciertos cambios en su padre, aunque de vez en cuando surge algún conflicto, aunque creo que son cosas de la edad. ¿Creen ustedes en las coincidencias? No sé si se pusieron de acuerdo, pero el mes pasado y el mía día, Almudena y Cristina me dieron la noticia de que estaban embarazadas. Yo les jurado que la vasectomía puede tener fallos y acabaron resignándose llenas de alegría cuando los médicos las tranquilizaron de que no tiene que pasar nada con la gestación de las cuarentonas, siempre que se extremen los controles y análisis pertinentes. Lo del mismo día, aunque sólo sea cuando me lo comunicaron, para mí son de esas casualidades y causalidades de la genética.

3 Comments:

At 11:22 p. m., Anonymous Anónimo said...

Professor José Antonio,

O modo como você trabalha as palavras nos proporciona um grande prazer estético e me faz lembrar a afirmação dos clássicos: “a arte literária é a realização do belo literário”. É muito bom ler um blog com esta qualidade. Parabéns!

 
At 1:36 p. m., Anonymous Anónimo said...

Professor José Antonio, você tem o dom da escrita o que lhe confere uma grande responsabilidade social.

 
At 11:51 a. m., Anonymous Anónimo said...

Li os comentários, gostei do alerta sobre responsabilidade social!

 

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