domingo, septiembre 03, 2006

Trama 14 – Amor (4/4)

Pasaron dos o tres años y las noticias se sucedieron. Como fichas de dominó en posición vertical, en que algunas acaban cayendo, los hechos se precipitaron. A mi tía Pilar le detectaron un cáncer de mama y los tratamientos sólo le alargaron una dolorosa agonía. Parece que hubiese algo que le impedía luchar. Fui la única sobrina que iba a visitarla, en la clínica de Madrid. Fernando no regresaba de los EEUU, obligaciones inexcusables en San Francisco. Algo sabe siempre una madre y, una tarde a solas, me cuchicheó al oído:

—Tú hubieras podido hacer feliz y salvar a mi Fernando.

En el día de su entierro —de nuevo, mi tía se adelantó a su hermana melliza—, supe toda la verdad. El propio Fernando me lo dijo. Tenía sida y nada había servido hacer de conejillo de indias para probar nuevos fármacos: la enfermedad se le reproducía y sus defensas caían en picado.

Días antes de que lo llevaran casi incomunicado a la zona esterilizada de los transplantes, estuve a solas con él. Vi un cadáver, pero, a pesar de su estado físico, como siempre, volví a sentir un infinito amor. No lo consiguió, porque él apenas tenía fuerzas; yo logré estamparle un beso, el último beso.

Logré robarle ese último beso, pero mi tía Pilar logró arrebatármelo. De existir algo parecido a un cielo, a veces me los imagino juntitos: Fernando y mi tía Pilar, papá y mamá, bajo la mirada tierna de un viejito tío Luis, como un compasivo abuelo anciano.

Ahora estoy en el Hospital. A mi madre le diagnosticaron la misma enfermedad que a su hermana. No descarto lo peor, pero se que ella va a luchar con todas sus fuerzas. Todos en casa le damos fuerzas: mi abnegado padre y hasta mi hermano, que puede tener todos los defectos, pero es un sentimental en cuestiones familiares. Casi he abandonado mi empleo; tuve que pedir permisos y abandonar Madrid. Con tantas horas que paso en este hospital oncológico de Zaragoza, tengo mucho tiempo para pensar, para pensar en Fernando, y en nuestro amor. La tragedia de mi historia ha sido que el amor hacia un hombre no ha concluido ni después de la verdadera tragedia de que ese hombre muriera.