lunes, agosto 07, 2006

¿Yo, hijo de ESO? No, hijo de EGB (2/3)

Bueno, a lo que íbamos: soy hijo de EGB (‘Educación General Básica’), pero además, alumno de una triste academia de piso (otra de las consecuencias del llamado “boom demográfico”, que como hoy, por la avalancha de inmigración, hace que el Estado tenga que “concertar”, para cubrir la oferta obligatoria de educación básica, con centros de titularidad privada. Aunque hoy en día asisto con bochorno cómo en mi Comunidad autónoma dos centros del Opus Dei, “Pineda” (para niñas y adolescentes) y “Xaloc” (para varones) son concertados, centros que defienden la no coeducación por motivos educativos (¿?).

En esa academia, Academia Platero, “viví” casi ocho años de mi infancia. Para muchos de mis compañeros (pocas chicas) creo que fue una simple exigencia legal: educación general y básica; pero personalmente reconozco que fue muy útil en mi formación. Debo mucho a lo que aprendí entre esas cuatro paredes (y aulas) y ausencia de patio. Recuerdo con cariño a la señorita Paquita haciéndose cargo de un aula que aglutinaba tres niveles, 2º, 3º y 4º. ¡Y nos quejamos hoy de diversidad y masificación en las aulas! Este sistema podía traducirse en alguna tímida ventaja, porque de tanto oír repetir machaconamente las tablas de multiplicar y de ver cómo corregían los ejercicios los mayores, en 2º (y yo iba adelantado un curso, al cambiar de escuela y por la curiosa resolución de mi madre de enseñarme a leer en aquel verano anterior) acababas dividiendo por cuatro cifras. Recuerdo que el aula tenía un crucifijo. Supe luego el motivo de por qué no había retrato del Generalísimo. Recuerdo incluso haber empezado las clases con una oración (padrenuestro o avemaría) y también que teníamos que levantarnos y a coro saludar «Buenos días, señor director», cuando el aludido irrumpía arbitrariamente por la puerta en nuestras monótonas rutinas escolares. La señorita Paquita era lo que diríamos hoy una “figura”, una mezcla entrañable de benévola madre e severa institutriz, al mismo tiempo. Yo sufría unos celos enormes por Cortés, el chico más guapo y el preferido de la profesora. Señorita Paquita, ¿qué ha sido de ti? Ubi est? Si pudiera hablar con ella le confesaría un amor platónicamente lacerante. Le perdono que nos pegara con la regla, sí, sufrimos esa terrible muestra de corrector educativo (sin saberlo seguía los enfoques más científicos de la psicología educativa skinneriana de la época). Lo que nunca voy a olvidar (llevo clava una dolorosa espina desde entonces) es la alternancia brusca de la escena humillante de tener yo que ofrecerle la palma extensa de la mano derecha para recibir un golpe seco de regla y, acto seguido, por un impulso irracional e inexplicable, abrazó a Cortés y le propinó maternales besos. A la señorita Paquita —que vete a saber por qué me recuerda hoy un poco a la señorita Ofelia de Mortadelo y Filemón, por una extraña conexión de patrón erótico de una época de postguerra, que se deleitaba en la abundancia de carnes, pero inmensamente más guapas, de belleza y acento andaluces— le debo el superar mi posible complejo de Edipo, que además de con ella proyecté en mis tías. Fue ella, mi personalidad enamoradiza y las únicas cuatro chicas, en 4ª y 5º curso. Porque ella, sin saberlo, despertó en mi el placer del estudio y el espíritu competitivo. Nos disponía en fila en la pizarra y nos preguntaba la lección, los aciertos te permitían avanzar de puesto y ser incluso el primero de la clase. El premio era ése y algo más importante: el orden de preguntas fijaba el lugar donde te sentabas. A las chicas, cuatro, las ponía de dos en dos, en la primera y segunda fila, y sólo el primer y segundo chico tenían el privilegio de sentarse en la fila tercera, inmediatamente detrás del elemento femenino. Por este estímulo del estudio y otras tácticas que llegué a aprender, como tirar el lápiz o la goma y agacharme a recogerla, aprendí muchísimo de la braguitas de las niñas y evité futuras visitas al psicólogo.

1 Comments:

At 7:30 p. m., Blogger Filmo Aragón said...

Hola, estoy buscando información sobre Juan Antonio Alonso que creo que fue uno de los fundadores de la Academia Platero. Gracias

 

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