jueves, agosto 03, 2006

Antihéroes y hombres grises

La otra versión del héroe, para quienes no vamos a ser estrellas del rock ni futbolistas que consigan la Copa del Mundo, es precisamente no caer en el pecado de hibris o desmesura. En el fondo nos atemoriza el miedo al ridículo y al que dirán. Vivimos la vida, parapetándonos en una existencia gris, porque lo peor que puede sucedernos es sentir la sensación de ridículo en nuestras carnes. De hecho, hay algo aún peor que el ridículo personal y es el ridículo ajeno, el no poder sufrir que otro haga el ridículo. Una salida a nuestra timidez es evitar al máximo cualquier exceso. Cuando depositamos nuestra confianza en algo externo, que no depende de nosotros; por ejemplo, la obtención de una beca, una recomendación para un trabajo, un apoyo financiero o un largo etcétera y esto se nos trunca, nuestra sensación de frustración es desoladora. Hemos tocado el cielo con las puntas de nuestros dedos o hemos creído rozar el aire que lo circundaba; pero, de repente, todo se desmorona a nuestros pies. Es una felicidad absurda, porque al depositar nuestras ilusiones en el destino sólo puede haber una alternativa: a) nuestros sueños se cumplen o b) nuestras esperanzas se frustran. En el primer caso, al no estar agarrados a algo que dependa de nuestro esfuerzo, si nuestras aspiraciones se hacen realidad, todavía vamos a pensar que aconteció por la fuerza inexorable de lo que estaba escrito. Ante la rabia que produce la opción b), negativa, sólo nos resta pensar en la injusticia de los otros.

Estoy cansado de ver cómo la figura del perdedor es muy querida en la literatura y artes contemporáneas. Esa estética genera del fracaso genera bellísimas obras.

Muchos hombres grises lo son por una máscara con que intentan engañar a los otros. Ese traje y existencias en un momento dado pueden ser quitados y, el individuo, liberado de esa carga, puede empezar a brillar, con luz propia o la de sus sueños.

1 Comments:

At 12:53 p. m., Anonymous Anónimo said...

Logo lembrarei o nome de um contista que li ontem à noite, o nome do conto é Coração tardio, tb título do livro. Diz que o homem gris é aquele que não se vê na rua, porque é igual a todos os outros. Então o que não é gris é o que se destaca, de alguma maneira. Em La mujer morena y el hombre gris o que falta ao homem é a criação artística, que o fará ter a cor que quiser ver quem o encontrar, como a cor é domínio do pintor, todos nós, que somos gris, queremos pintar.

 

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