Cuando la lengua es un código secreto 2/2
Pero bueno, no quiero irme por las ramas, pero como lingüista aficionado, encuentro un nuevo motivo de reflexión en el uso de la lengua navajo como lengua secreta y es que hubo problemas “léxicos” para convertirla en código útil para fines bélicos. La lengua navajo carecía el 7 de diciembre de 1941, fecha por ejemplo de ataque a la flota americana en Pearl Harbor, de términos tan comunes como “aviones de combate”, “general”, “América”, “acorazados”, “bombas”, “granadas” e incluso los nombres de los meses del año. Se obtuvo una lista con 263 vocablos y alguien inventó palabras correspondientes en navajo, y luego una segunda lista con 148 palabras más (hasta obtenner un total de 411 términos). Se puede consultar esa lista final aquí. Creo que algún lingüista podría editar un tratado de semántica del hecho de que un “caza” pase a ser ‘colibrí’; un “general”, ‘2 estrellas’; “América”, por fervor patriótico, ‘Nuestra madre’; los “acorazados”, ‘ballenas’; las “bombas” se conviertan en ‘huevos’; las “granadas”, en ‘patatas’ y el mes de enero, en ‘águila pequeña’. Remito también a lo dicho en mi post “España = Deba-de-nih = Spain = ‘Dolor de oveja’ ”, del viernes 14 del pasado julio; lo que confirmaría además que el Creador de palabras, el Hacedor de ese nuevo universo para su lengua habría de ser bilingüe. Una experiencia de este tipo me confirma que no existe lengua a la que, con buenas dosis creativas, le estén negadas las puertas de las ciencias y diversas ramas del saber, así como el acceso a cualquier ámbito y tema. No hablemos del vasco o euskera, sino de una lengua tan consagrada y consolidada (a pesar de los falsos alarmismos de algunos y no insisto más) como la lengua castellana o española. Del análisis de su léxico observamos un fondo patrimonial del latín vulgar, donde se van sedimentando términos de numerosas lenguas, como neologismos cultistas del griego, pero también galicismos. La apabullante presencia de préstamos en la actualidad, anglicismos más o menos asimilados, vendría a ilustrar un hecho: quién (metonímico) hace realmente ciencia o técnica en la actualidad y qué lenguas (y culturas) son meros consumidoras en este mundo cada vez más globalizado.Para quienes establecemos paralelismos con la situación lingüística de España, ya somos conscientes de que hubo una verdadera lengua secreta, aunque por utilizarse como “argot” de grupos marginales, acaba por hacer entrar palabras en lenguas como el castellano y catalán populares. En efecto, me estoy refiriendo al “caló”, o ‘lengua de los gitanos’, una lengua indoeuropea emparentado con el prestigioso sánscrito. Sin ir más lejos tampoco, parte del éxito del castellano fue su carácter de “coiné”, que permitió aglutinar hablante con un código simplificado en lo fonético y que apostó por una temprana normalización de formas.
Lo importante de este mi blog y de las “chorradas” que llego a escribir estribaría en la capacidad de estimular la reflexión y el espíritu crítico de mis lectores. La nota emotiva de toda esta historia es que de alguna manera el pueblo navajo fue reconocido. En efecto, en 1982, el gobierno de los EEUU declaró el 14 de agosto como el día de los codificadores navajos. Un poco más tarde, el 26 de julio de 2001, a cinco ancianos nativos de esta etnia se le concedió la Medalla de oro del Congreso. Perseguidos secularmente y recluidos en reservas, la historia les premia el heroísmo de hablar una lengua incomprensible para los otros y que sirvió de código indescifrado por el enemigo durante la Segunda Guerra Mundial.


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