viernes, agosto 04, 2006

Cuando la lengua es un código secreto 1/2

Durante la Segunda Guerra Mundial, los americanos (leáse “estadounidenses de América del Norte”) combatieron contra los japoneses en el Pacífico, las comunicaciones se cifraban y descifraban con la SICABA (o M-143-C), máquina muy útil, pero enormemente lenta e incómoda. Los servicios secretos japoneses no lograban entender ningún mensaje, pero el precio que pagaban los que acabaron ganando la guerra era muy alto, pues como mínimo se requería 30 minutos y un despliegue de equipos mecánicos y de operadores: la seguridad de las transmisiones no se correspondía con la rapidez y movilidad de tropas que eran necesarias. Ante este problema surgió la solución del ingeniero Philip Johnston, quien de pequeño había crecido en una reserva navajo de Arizona. Supongo que pueden imaginar la ingeniosa propuesta: parejas de nativos navajo irían con cada batallón de combate para enviar y recibir mensaje en su propia lengua. El sistema resultó tan bueno que los operadores americanos no avisados llegaron a pensar que los propios japoneses estaban transmitiendo en la frecuencia del ejército americano.

Se pueden extraer innumerables moralejas de esta historia totalmente verdadera (hay muchas informaciones en Internet, aunque haya que saber inglés, por ejemplo: aquí). Una de ellas puede ser cómo la guerra cambia la realidad: antes de la guerra, se prohibía y perseguía la lengua navajo y a los niños los profesores de inglés les solían lavar la boca con jabón. ¡Menudo “recurso” de planificación lingüística! Con la guerra, utilizar la lengua navajo ayudó incluso a vencer batallas y especialmente a salvar vidas de compatriotas, de habla inglesa: sólo hay que pensar que lo que antes llevaba 30 minutos se realizaba en 20 segundos y esto no tiene precio en comunicaciones bélicas. [Pienso en las absurdas declaraciones de personas que en nuestros días afirman que la lengua castellana o española está perseguida en Cataluña y que la situación recuerda a la del catalán en época del franquismo. A ellos sí que les iría bien que les lavasen con jabón sus sucias palabras, por la tergiversación y provocación que pretenden crear. Y no sigo, porque se me enciende la sangre y nos quieren hacer olvidar la memoria histórica (alguien llegará a afirmar que el franquismo no pasó de un necesario y light despotismo ilustrado). Con el olvido que da el paso del tiempo, a Franco se le quiere resucitar en Europa, en ofensivas parlamentarias, aunque a veces con estrategias de imagen diferentes: los del PP, maquillando la historia, y el ultraderechista polaco Maciej Marian Giertych, con un elogioso discurso de alabanza del militar ferrolano y caudillo, por la gracia de Dios. (¡Que gracioso es a veces Dios! Si no tuviera miedo de caer en lo blasfemo, casi diría que este Dios debe de tener la gracia de la avispas, y no sigo!)]