jueves, agosto 17, 2006

Opinión personal

Una de las experiencias más traumáticas para un profesor de ESO de lengua y literatura castellana es pedir la opinión personal sobre una lectura obligatoria. El nivel de frustración, después de leer sus trabajos, me sume en una depresión profunda y no exagero. Si exiges la entrega de trabajos en equipo, puedes tener la absoluta certeza de que un alumno (normalmente una) ha hecho el trabajo y el resto se ha limitado a añadir su firma. Si el trabajo es individual, todavía intentan probar al profesor que corrige y presentan trabajos idénticos (hasta en los fallos y faltas de ortografía). Se ha generado entre nuestros alumnos de ESO una compulsiva dependencia de Internet, que frena su originalidad y que invalida precisamente la opinión personal. Además de San Google, para todos nosotros, existe una página que recoge trabajos escolares y que lleva el sugestivo nombre, que lo dice todo, de “El rincón del vago” (ver aquí). La ley del mismo esfuerzo (y pensar que el profesor es tonto, aunque a veces nos lo hagamos) traiciona al alumno vago, como cuando pedí una opinión de 20 líneas y alguien se lo tomó tan al pie de la letra que recortó un texto colgado en Internet por un lugar sin punto en el original, exactamente en su vigésima línea.

El objetivo de pedir a un alumno una opinión personal de una lectura es una medida de control de lectura, aunque la lectura tendría que ser en la realidad una actividad placentera, una opción de vida, que emanase de la libertad y gusto del alumno.

Sea como fuera, hay respuestas típicas que no soporto y que son las siguientes:

1) Éste es el mejor libro que he leído en mi vida.
Me corroe la sospecha de que el alumno intenta meter la pelota o, por el contrario, es cierta su afirmación de que hacía años que no leía un libro.

2) Este libro me ha parecido muy interesante.
Cuando los adultos no se atreven a decir que la ropa de alguien es una horterada eufemísticamente afirman: ¡Uy, qué interesante!

3) Este libro está bien.
¿Y? ¿Por qué?

4) Este libro no está mal, pero podría mejorar.
Esta expresión es totalmente tautológica. Hay que enumerar razonadamente los puntos flojos del libro, si fuera el caso.

5) Este libro me parece una porquería: me he aburrido muchísimo con la lectura.
La provocación sólo admite como única respuesta no caer en ella.

6) No tengo criterios para poder evaluar el libro.
Aun reconociendo la sinceridad del alumno, me parece un exceso de cara dura como opinión personal

7) El libro estaba entretenido, pero yo le cambiaría el final.
Éste es el tipo de valoración que espero tener que puntuar un día, después de que el alumno realmente se ha tomado el trabajo de crear un nuevo final y que realmente enriqueciese su lectura.