Trama 19 – Ascenso (2/2)
Editor de esa modesta revista de pasatiempos, junto con dos socios, su pasión era el juego. En 1984, se arruinó. Lo apostó todo en su caballo favorito, Nicoli. Pero Nicoli no llegó el primero y Maki Kaji, de vuelta a casa, en el tren, para intentar no pensar en su desgracia, sacó del bolsillo una pequeña y antigua revista norteamericana de pasatiempos (en las que buscaba nuevas ideas) y se puso a jugar. Y realmente se le pasó el tiempo del viaje sin darse cuenta, al concentrarse en un juego denominado en inglés numbrer place. Al llegar al despacho, se lo mostró a sus socios y la idea cuajó. Bautizo el “descubrimiento” como sudoku y registró el nombre. Sólo a un filólogo —y no sé si hay filólogos frustrados— se le pudo ocurrir este nombre, que es la abreviación silábica de sujiwa dokushinni kajiru, que vendría a decir algo así como ‘los números no pueden repetirse’. Con esos sudokus crearon una revista, que recibió el nombre de Nicoli, el caballo de carreras que llegó tarde; pero que la historia nos dice que llegó seguro.De la popularidad de este pasatiempo en el mundo, no voy a gastar tiempo ni tinta. Debe de ser rarísimo el periódico que no lo incluya diariamente entre sus páginas. La historia demuestra cómo Maki Kaji es un triunfador, porque, si bien ya hubo una época en que resolvía sudokus de manera compulsiva, en escaso tiempo, e incluso mentalmente (porque el mejor jugador de sudoku es quien los crea), hoy en día ya no le interesan lo más mínimo. Algo así como el “buen” traficante de drogas (no confundir con “traficante bueno”) que es capaz de vender esa mierda sin consumirla (que sería como mancharse).
Advertencia: Toda relación con la realidad no es mera coincidencia, es realidad misma. Y además la historia la he plagiado descaradamente de la entrevista a Maki Kaji, que se reprodujo en la sección de “La contra”, en la contraportada de La Vanguardia, del viernes 11 de agosto de 2006.


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