La edad del pavo
Esta denominación popular sirve para etiquetar la etapa vital que vendría a corresponder con la franja de edad de la ESO, desde los doce a los dieciséis (12-16 años). El animal, en apariencia grotesco (con ese moco colgando), sirve para designar al preadolescente y al adolescente, en esa difícil etapa de cambios y contradicciones. Explicar el significado de la expresión puede resultar útil para algún lector; pero creo que pocos se han percatado que son los propios alumnos de la ESO, de lleno en la edad del pavo, los que acabaron utilizando “pavo” o “pava”, como genérico, sustituyendo al más anticuado “tío” y “tía”, que nuestros padres observaban como lo máximo en la escala de vulgaridad. La vitalidad de la lengua se observa en su uso. El llamado “argot juvenil” utilizado por mis alumnos, no sólo de la ESO sino también de bachillerato (y el término “joven”, con hijos de 40 y pico años en casa de los padres, se estira como peligroso chicle), está generado a partir de la lengua castellana o española. Ni los pocos (en términos estadísticos) que hablen catalán en su grupo pueden sustraerse de utilizar esas palabras en castellano, como “pavo” o “pava”. Hagamos la prueba y propongamos eliminar el barbarismo; mi propuesta es: (el/la) gall-indi. Hay una larga lista de términos en dinámica renovación y para el catalán no hay margen ni de asimilación por calco lingüístico, como máximo la pronunciación: He aquí una mínima muestra: chapar (‘cerrar’); comer un marrón (‘pagar el pato’); comerte el tarro (‘preocuparse’); enrollarse (‘comportarse’); flipar (‘gustar’); guay (‘positivo’); inflar la perola (‘preocupar’); ir de buen rollo (‘estar contento’); irse la olla (‘reaccionar de manera rara’); mangui (‘negativo’); molar (‘gustar’); pasarse cantidad (‘excederse’); petarse el culo [de risa] (‘desternillarse’); rallar (‘meter bronca’); taladrar (‘meter bronca’)...Después de seis años sin alumnos de ESO o de Bachillerato, aprendí un significante nuevo “chuscar” (precisamente a raíz del programa de radio PAP y también aprendí la expresión “pinza malaya”). En el argot de la mili (ya dejo de ser obligatoria), un “chusco” era un panecillo que servían en las comidas en el cuartel, generalmente de consistencia dura. El “chusquero” era el militar “reenganchao”, aquel triste personaje que después del servicio militar decidía que su mejor futuro era seguir comiendo aquellos “chuscos”. Por una evolución semántica tenemos que el verbo “chuscar” viene a significar lo del catalanismo “cardar” (aquí sí que hay préstamo de catalán) o en castizo disfemístico: “follar”, con perdón.
A quienes afirmen que el español está perseguido en Cataluña (los mismos que sostienen que el “catalán” y “valenciano” son dos lenguas distintas o la inconstitucionalidad del Estatut de pa sucat amb oli recientemente refrendando en las urnas) yo les pediría que comprobasen qué hablan realmente los jóvenes de Cataluña, todos ellos, y no sólo, los que tienen la edad del pavo.


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