viernes, junio 23, 2006

I love NY (0/3)

Los seres humanos, mujeres y hombres, necesitamos agarrarnos a símbolos, emblemas, banderas, eslóganes... para crear nuestras identidades. El objeto de nuestros deseos puede ser real (más concreto) o figurado (más conceptual o abstracto). Constantemente proyectamos nuestros miedos, frustraciones, limitaciones, defectos y virtudes, voluntades y aspiraciones en esos objetos de deseo. La relación semántica básica es la metafórica, basada en la semejanza (comparación); pero puede darse también la relación metonímica (o de sinécdoque) si la correspondencia se aguanta en relaciones de causa y efecto o en las de tomar la parte por el todo, y sus viceversas. Cuanto más alejada sea esa proyección desde lo concreto mucho más implícitamente “fetichista” será. Es más perverso el amor, pongamos por caso, hacia la Patria que hacia la persona amada. Y, del mismo modo que hay seres que no se enamoran de una persona de carne y hueso, sino que se sienten profundamente obnubilados por la idea del propio amor, del propio hecho de estar o sentirse enamorados; es mucho más fetichista el que acaba identificando su idea mental de Patria con una bandera o unos colores. Se puede morir heroicamente por un hijo o por la persona amada; un poco más absurdo es verter la sangre “defendiendo” (¿?) a tu país; pero lo que tiene delito es matar o morir un pedazo de trapo que llaman bandera. Ese es el problema del fetichismo.

Mi amigo Luis, en un comentario reciente, hablaba de que mi obsesión por las letras era un homenaje a lo que les debo. En este punto, yo tengo que reconocer que mi relación con las letras es totalmente fetichista. Tanto amar lo que las letras decían que acabé amándolas a ellas mismas, en silencio y a gritos, con una pasión irrefrenable. Reconozco que me gustaría que en mi lápida (la idea del recuerdo postmortem es totalmente narcisista) apareciese grabado el siguiente epígrafe: «Aquí yace el fetichista de las letras»; de hecho sería mucho mejor, como fantasía oculta, si el escritor brasileño Luís Fernando Veríssimo no se me hubiera adelantado con su epíteto de “o gigolô das palavras”: «Aquí yace el proxeneta de las letras» (y valga la cacofónica rima, por que las letras y fonemas insisten en jugar entre ellas).

1 Comments:

At 8:04 p. m., Blogger elchicoquequeriaserbreteastonellis said...

Fantástica serie, también. Mezclando temas y sugiriendo a la vez que explicando.

 

Publicar un comentario

<< Home