Primeros libros

Mi devoción por los libros proviene de mi dificultad por poseerlos al principio. Mis primeros libros fueron los “tebeos” y recuerdo que, entonces cuando era niño, aún había traperos en el barrio. El trapero más afortunado era quien compraba papel y chatarra a la horda de traperos ambulantes y muchos particulares que no tenían vergüenza de ganarse una miseria con un material que se desechaba. Eran tiempos en que no había containers en la calle y nuestros padre habían heredado la austeridad de la posguerra. Recuerdo que del trapero de mi barrio, a quien le otorgamos el calificativo de usurero, se rumoreaba que era inmensamente rico, con muchos pisos en su haber y los primeros televisores… en color. Con la venta de cartones podía yo comprar las publicaciones de la época, a ritmo de un ejemplar por semana que acaba cambiando y recambiando, incluso por Lilí que estaba especializada para el público femenino. Estoy hablando de mucho peso y de la penitencia de arrastrarlo por la calle y obtener uno o quizás dos pesetas que tendría su objetivo en el kiosco de la esquina. Mi infancia tiene el nombre de editorial, la Editorial Bruguera, porque después de los cómics vinieron los clásicos juveniles con más letras a los que se intercalaba ilustraciones. El salto en mi adicción lectora (no sé si en calidad, pero con menos importancia del dibujo y más del texto) fue de la mano de Enid Blyton, cuyas obras, en especial de la serie de “Los Cincos y Siete Secretos”, publicados por la Editorial Juventud, pasaron a ser los objetos de mi deseo. En plena adolescencia descubrí las apasionantes aventuras de una serie llamada “Alfred Hitchcock y los tres investigadores”, de la Editorial Molino y recuerdo haber pedido a mis tíos algunos títulos para los anacrónicos Reyes Magos. Estos primeros libros me marcaron. Tuve la suerte de descubrir las bibliotecas públicas, pero de mis primeros libros guardo el recuerdo de una relación casi fetichista a la que soy fiel hasta los días de hoy, como aquel personaje de Ibáñez, Carpanta, que nunca logró quitarse el hambre de la posguerra.


1 Comments:
Hola!! Soy Luis, del taller. Me ha gustado mucho conocer tu blog, es muy interesante. Me agrada, entre otras cosas y además de tu pasión por los libros y la lectura, tu interés por De la Serna. Tienes muy buen gusto.
También me ha gustado saber que tu historia con los libros y la lectura es similar a la mía, algo que sucede de igual forma con tus lecturas infantiles y juveniles y con tu manera de acercarte a las letras, lógica por otra parte en cualquier niño de barrio y de aquella época.
Me alegra, finalmente, saber, que entre otras cosas has optado por devolver, o por intentarlo, a las letras lo que ellas te han dado.
Recomendaré tu blog.
Un abrazo y felicidades de nuevo
Luis
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