I love NY (2/3)

Hay frecuentes casos de catalanes, catalanohablantes, que acaban triunfando en la Villa y Corte, en lengua castellana o española; pero no se dan casos inversos: de triunfar un madrileño en Cataluña, en lengua catalana. Esto lo que confirma es una perogrullada: el verdadero bilingüe en Cataluña es el catalanohablante y muchos de ellos se pasan al castellano para evitar ser etiquetados como persona de mala educación (porque en el fondo subyace la idea, cierta pero no tanto, de que todo catalanohablante es “naturalmente” hablante de la lengua de Cervantes). Aún recuerdo la escena kafkiana que tuvo que pasar un catalanohablante de L’Alguer (Cerdeña, Italia) la primera vez que visitó Barcelona y tomó un taxi, cuyo conductor hablaba un andaluz “cerradísimo”.
Hay una palabra en catalán, intraducible a otras lengua y que tiene bastante conexión con nuestra Y: “cagadubtes”(*). Como toda palabra, admite un punto de vista “peyorativo” o bien “meliorativo”. La acepción negativa definiría al individuo catalán como falto de decisiones y convenciones firmes (a pesar del tópico ya comentado de la terquedad y fidelidad del burro): no saber lo que se quiere suele ser un defecto. La visión afirmativa de un “cagadubtes” es la del filósofo, amante de la sabiduría, que no se acomoda a las ideas trilladas y que propone un pensamiento crítico fundamentado en un sano escepticismo. No es fácil ser “cagadubtes” ni vivir en un país de “cagadubtes”, en sus dos acepciones; lo cómodo es caer en el espíritu gregario, en el de “donde-va-Vicente-va-la-gente”. Ni el Barça ni la “Moreneta” se salvan: cuando menos se lo espera, el “culer” (¿o “coler”?) se ve atacado por escandaloso “perriquito” o se descubre una mala gestión deportiva, técnica o financiera del Club, más que un club. De la virgen negra de Montserrat ya se viene diciendo que la “melanina” de esa madre de Dios pudiera resultar falsa y que en realidad se está venerando a una talla cuyo color característico pudiera ser el de las velas ardiendo a lo largo de mucho tiempo.
(*) Otra de las característica del catalán “medio” es su gusto por lo escatológico. Existen numerosas expresiones con referencia a necesidades fisiológicas que despliegan unas ricas redes semánticas en lengua catalana. Desde el “fotre” (lit. ‘joder’) que acaba convirtiéndose en verbo “comodín” hasta la entrañable figura del “caganer” del pesebre pasando por los “pixapins” (lit. ‘meapinos’, como insulto a los urbanitas barceloneses) o grupos como Els Pets y Les Llufes.


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