Homofobia sentimental
Lo odié durante todo instituto. Lo odié a escondidas, sin dejar pistas, pero con los dientes apretados, como si regase mi herida con zumo de limón.
Era un buen chico, un chico guapo; el típico chico que le quedaba siempre bien el pelo, que sabía vestir con gusto, combinar los colores, que con medio curso de primero de BUP —él había estudiado francés en la EGB— se había memorizado con acento casi nativo todas las canciones de los Beatles. Cantaba bien y sabía tocar la guitarra. Tenía éxito con las chicas y las chicas se volvían locas por él.
Aunque nos separamos en la universidad, su sombra me acompañó durante toda la carrera, espantándome a las muchachas.
Pasados cinco años como licenciados, alguien soltó la noticia, como una bomba: «¿Sabes la última? Por lo visto fulanito perdía aceite y acaba de salir del armario».
No me lo esperaba, porque, aunque lo de las chicas había pasado ya a segundo término, seguía envidiándolo, entonces por su éxito profesional. Vivía él en los EEUU, trabajando para el mejor instituto de lingüística aplicada y eso que entró como simple becario extranjero.
La última noticia me dejo arrasado: «¿Sabes la última? Fulanito se ha muerto. Sida.»
Lo sentí muchísimo. Con su muerte moría también algo de mi pasado. Confieso que en los últimos tiempos mi verdadero triunfo había sido imaginarlo como el chico perfecto que siempre fue, que volvía locas a todas, pero con aquel molesto e incontrolable picor en el agujero del culo que le pediría a toda hora que le metieran pollas por ahí, cuanto más gordas mejor.


2 Comments:
Me alegra la referencia a "Héroes". Buen post, cambias de estilo y de tono. Eso está bien. La variedad enriquece. Excelente trabajo hasta ahora...
La verdad es que casi me he sonrojado, porque pocas personas pueden ver esa "referencia" real a "Héroes". Lo que para los semiólogos es "intertextualidad", para, por mi condición de lector, es algo que estimula y estructura mi creación literaria.
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