miércoles, octubre 11, 2006

Trama 9 – El desvalido (2/2)

Me quedé en estado (de buena esperanza, como se dice) y después llegó Carlitos. Durante el embarazo, ya pude percibir indicios de que, por lo menos, había otra en la vida de Carlos. Mi intuición parecía avisarme de su infidelidad. Empezó a actuar de manera distinta; claro que es un perfecto actor, pero yo noté cierta distancia, mucho más retraído en casa. Cambiaron sus hábitos, porque de repente en la empresa se intensificaron las reuniones y los viajes de negocios. Daniel, el mejor amigo y compañero de Carlos, parecía su tapadera, siempre dispuesto a proporcionarle coartadas. Obsesionada hasta la manía, me lancé a la desesperada caza de pistas que lo delatasen: me fijé hasta en los olores (nadie después de un largo día de trabajo, tras una reunión con clientes, llega a casa como si acabase se salir de la ducha), en el mínimo arañazo y en sus morados inexplicables. En el colmo de mi pesquisa detectivesca revisé su cartera: encontré lo que nunca hubiera querido encontrar. Las mujeres somos unas perfectas ingenuas al no reconocer la doblez de nuestras parejas y culpabilizamos a las otras; o por el contrario, tenemos el grado de sadismo de herir a las demás dejando señales tangibles de nuestras citas amorosas, como objetos personales o cabellos en la ropa o las tópicas marcas de carmín.

Y llegué a la terrible conclusión: Carlos era un enfermo, un mujeriego empedernido. En ese momento se me presentaba una alternativa: o cerraba los ojos y callaba para siempre o bien, por el contrario, destapaba las cartas. La primera opción era la fácil. La había visto en casa, como si mi padre se materializase, con un grado de mayor sofisticación y disimulo, en la figura de Carlos. Mi madre también lo sabía todo de mi padre, quien mantuvo una querida durante muchos años; pero ella aguantó, sumisa y en silencio, aquella situación, por el qué dirán y supongo que por mí misma, su única hija. Para mí hubiera resultado bastante cómodo continuar con Carlos, porque era excelente en la cama. Entre sus brazos, incluso durante el embarazo y no sé si más intensificadamente aun, alcanzaba yo las máximas cotas de placer.

Si me decidí a romper mi matrimonio fue porque no quería ilusionarme vanamente con la idea de que lograría cambiar a Carlos. En un ataque de celos, visualicé la escena de él intentando ligar con otra y repitiendo su depurada técnica de seducción, que ya aplicó conmigo: desvalido, sentado en un bar, fingiendo una profunda depresión para contarle a su víctima la incomprensión y frialdad de su mujer, de la legal (es decir, yo) y despertar su compasión para robar el mínimo contacto que sellase un beso en los labios y la aventura de cama.

Y mi vida ha sido esto: perdí mi beca y nunca voy a optar más a la investigación, pues me conformé al pasar unas oposiciones de secundaria; perdí también al mejor amante (como perdí a mi madre, irremediablemente, para siempre). No obstante, Carlos me dio un hijo y me abrió los ojos, que ya es mucho. El continúa coleccionando conquistas (citas, besos, cópulas…) mientras depura su técnica interpretativa; se equivocó de profesión: toda su vida dedicada al teatro.

Hay quien piense quizás que mi revuelta fue absurda, románticamente absurda; fruto de la irracionalidad del momento. Sin embargo, creo que no me arrepiento de nada.

A mí últimamente también me viene seduciendo la farsa, e intento buscar a mi príncipe azul, que con práctica seguridad no existe. Buscó a hombres que en el fondo sigan siendo unos niños y los hago sentirse seguros y comprendidos. Me esfuerzo en la cocina, preparando guisos nutritivos y sabrosos. Los escuchó, los animo, los mino como a Carlitos, a quien toman cariño. Los primeros días no me atrevo, pero los días siguientes los reprendo en todo momento. Sé que algún día alguien cae y entra en mi vida definitivamente.

1 Comments:

At 4:55 p. m., Anonymous Anónimo said...

Pois é, melhorou essa trama, em relação à anterior, que odiei. O problema é a mesmice desses enredos. O modelo casal fiel sempre foi uma farsa, tá muito velho. Será que as pessoas realmente continuam sofrendo por isso? Ninguém entende que Vinícius de Moraes é que estava certo: "amor eterno enquanto dure", depois vêm outros.E as relações podem ter outras configurações, pois não?

 

Publicar un comentario

<< Home