Trama 10 – Tentación (4/4)
A las 10.00h en punto, sin palabras, sin querer volver la vista a la mujer, Fernando salió de la habitación con una rabia que podía masticar. Puntual, su jefe le estaba esperando.—¿Cómo te ha ido? —preguntó Martín, disimulando como podía la carcajada que se iban forjando en su interior.
—Logré tirarme a ese saco de pedos, a la vieja de los pellejos. Pero no puede permanecer a su lado durante toda la noche. Así que te perdono el otro medio millón del que hablamos.
Apenas el jefe le dejó en su casa, Fernando se dirigió a urgencias del hospital. No tenía nada en el estómago, pero necesitaba urgentemente una prueba de sangre que descartase que había sido infectado del VIH. De nada le sirvió que le recordaran que, con tan poco espacio de tiempo después de la conducta de riesgo, el test era poco fiable.
Ni el resultado negativo lo tranquilizó. Fernando pasó toda la tarde del domingo sin un buche de agua ni un bocado de comida. No logró dormir en toda la noche.
Por ello, no ha de extrañarnos que al día siguiente, lunes, cuando fue al banco más cercano de la oficina, para hacer efectivo el cheque de medio millón, Fernando no mostró la mínima reacción. Como conformado a la fatalidad, escuchó con parsimonia cómo el jefe de la sucursal le explicaba que la cuenta de aquel cheque, de la madre del Sr. Martín, había sido cancelada días antes y que la nota del sobre que le entregaría lo explicaría todo.
Fernando decidió subir por las escaleras (casi de emergencia, pues todos solían usar el ascensor) para llegar a su despacho en el edificio de oficinas. En un rellano, no puedo contener más la curiosidad y sucumbió a la tentación de abrir el sobre.
En el interior, una nota, escrita en el ordenador con letras grandes, rezaba:
«¡HA SIDO UNA BROMA!»
Cabizbajo, se ha sentado frente a su escritorio, inmóvil, sin fuerzas para nada. Martín ha entrado en la pequeña separación de paneles, y, de manera campechana, le ha soltado:
—Espero que no te hayas enfadado. Todos tenemos un precio, pero el tuyo debe de ser bastante reducido: por ingenuo.
Por primera vez, Fernando había regalado parte de su vida para que los papeles estuvieran invertidos.
Sus ojos de odio y rabia no han podido vencer la vista de sarcasmo burlón con que Martín lo ha mirado.


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